Todos los estudios sobre los valores del venezolano revelan la presencia de un elemento que se denomina "locus de control externo", que puede definirse como "la percepción del sujeto de que los eventos ocurren como resultado del azar, el destino, la suerte o el poder, y decisiones de otros".
Es decir, todos los hijos de esta tierra, pobres y ricos, blancos y negros, "consensuadores" y "primaristas", consideran que las cosas pueden cambiar no por el empeño propio, sino por la intervención de otros factores ajenos a la responsabilidad y capacidad personales.
A pesar de que este concepto no ha perdido validez, poco a poco ha venido siendo desplazado por otro que se ajusta mejor a estos tiempos. Una propuesta que se inspira en el desempeño de los jefes de la revolución y lleva la inconfundible rúbrica del máximo líder de esta República prebélica.
Entonces, ya no se hablaría más de locus de control externo sino de "hacerse el locus", aporte chavista a la sociología mundial que debe estudiarse con detenimiento para entender a cabalidad la actual coyuntura.
A la espera de que se desarrolle una sólida teoría al respecto, vale la pena hacer un esfuerzo intelectual para avanzar en la comprensión de este fenómeno que marca el rumbo de la patria.
Como se mencionaba líneas atrás, en el locus de control externo el individuo cree que su responsabilidad en el logro de las transformaciones es escasa. Pues bien, en el "hacerse el locus" no hay responsabilidad de ningún tipo, ni mucha ni poca. Aquí todo es culpa de algún factor exógeno, o endógeno o de alguien que no es uno, pues. Esto justifica -y sepan disculpar el lenguaje científico- el "echacarrismo" que cunde por Miraflores.
A pesar de los constantes apagones, se buscará arrojar luces sobre el tema. Para tal fin, los ejemplos abundan.
Caso 1: "el paramilitarismo y las mafias llevan 10 años penetrando el Táchira". Consiste en arremeter contra un gobernador que no tiene ni un año en funciones y "hacerse el locus" sobre la responsabilidad del gobierno central en combatir a todos los irregulares, que azotan la frontera en las narices de los cuerpos de seguridad del Estado.
Caso 2: "la crisis eléctrica y del servicio de agua es culpa del gobierno anterior porque en estos últimos años no se hizo nada". Trata de descargar en otro muy lejano lo que no se llevó adelante recientemente, al tiempo que recurre a "hacerse el locus" cuando se pregunta por las supuestas inversiones anunciadas con bombos y platillos.
Caso 3: "la inseguridad. Esto es el paroxismo". Aquí se mezcla el "hacerse el locus" con el "al cabo que ni me importa".
El locus de control externo genera razonamientos como este: "bueno, qué puedo hacer yo si todo depende del gobierno". El "hacerse el locus" también, el detallito es que quien piensa eso dirige el propio gobierno. He allí el peligro que entraña para la comunidad el "hacerse el locus" en esos niveles.
Una diferencia sustancial es que en el locus de control externo las autoridades "corren la arruga", mientras que al "hacerse el locus" simplemente "corren", huyen, siempre en el sentido contrario de las necesidades y problemas reales de la gente. Les exigen seguridad, ellos critican los centros comerciales. Les piden dominar la inflación, ellos celebran el aumento del desempleo en Estados Unidos. Les ruegan recoger la basura, ellos cuestionan los viajes de Ledezma. Y así hasta el infinito.
Los expertos afirman que el locus de control externo es propio de las naciones del tercer mundo. Debe concluirse que "hacerse el locus" es inherente a los líderes de quinta República y categoría.
"Hacerse el locus" es, sin duda, un estilo de administrar las cosas que, si se cuenta con dinero y carisma, puede ofrecer jugosos dividendos. Sin embargo, ya las encuestas reflejan el desgaste de esta fórmula y es lógico: para "hacerse el locus" hay que andar por la vida con la cara muy lavada y eso es muy difícil a fuerza de totuma.
ppenalozaochoa@gmail.com
@pppenaloza
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