CARACAS, domingo 08 de noviembre, 2009 | Actualizado hace
La polarización política ha llegado a un extremo tal, que cuando un simpatizante del régimen pierde a un familiar en un asalto, puede expresar su dolor en lágrimas pero no criticar a la policía ni a la administración de justicia, para no ser acusado de traidor a la patria. En cambio cuando el asesinado no es oficialista a sus parientes les queda por lo menos el recurso de reclamar. Todo esto es aberrante, porque el tema de la inseguridad exige voluntad política y solidaridad social, con el propósito de aplicar una política criminal moderna y con recursos acordes a la magnitud de la situación.
¿Se impone entonces un debate racional sobre el tema o seguirá la agenda política violenta? En el vocabulario militar una escuadra la conforman entre 5 y 15 hombres y un batallón entre 500 y 1.000, esto viene a colación comparando los integrantes de una banda de barrio con el equivalente de una escuadra, pero al actuar en una secuencia interminable de delitos, la escuadra delictiva se convierte en un batallón de criminales, o sea, que quince antisociales hacen daño como si fueran mil, quizás porque la consigna es tratarlos como amigos de la casa. La criminalidad real no tiene un ejército tan numeroso como parece, sino que la impunidad lo multiplica ad infinitum.
En este estado de cosas ¿tiene la sociedad espacio de maniobra para proteger la vida y los bienes?, por supuesto que sí, exigiendo la depuración de los cuerpos policiales, la coordinación eficiente de la administración de justicia, recuperando los espacios públicos, exigiendo una política de desarme y en base a solidaridad y pragmatismo, para que los vecinos se ayuden entre sí al detectar cualquier amenaza. La sociedad si quiere lo puede todo en defensa de su integridad y el poder político no puede doblegarla.
Albert Einstein dijo en alguna oportunidad "la locura es seguir haciendo las mismas cosas y esperar diferentes resultados". La cita es indispensable, ya que ella explica de manera gráfica la necesidad de la crítica, rectificación y ajustes, en fin, nadie es dueño de la verdad porque ésta jamás es absoluta. Quiérase o no las distintas corrientes políticas, sectores sociales y grupos económicos, tienen que ponerse de acuerdo para luchar contra la inseguridad. Son creativas, eficientes y de probado éxito, las fórmulas novedosas que los vecinos han utilizado en otros países contra el delito, ello además obligaría a las autoridades a dejar a un lado la permisividad e investigar, detener, instruir y castigar a los responsables de esta pandemia que acorrala a la familia venezolana.
¿Es o no cierto que presuntos activistas del socialismo radical están amparados en sus acciones delictivas por la pasividad o aparente desconocimiento de organismos del Estado? ¿Es esa la explicación de tantos casos de flagrancia en secuestros, atracos y homicidios, cuyos autores son detenidos y después puestos en libertad? ¿Si se quiere proteger a la sociedad, por qué se mantiene a muchos funcionarios de policía con el sueldo mínimo? Por si fuera poco, los recursos del Laboratorio de Criminalística son mínimos y no es mucho lo que hoy en día se puede hacer con una huella monodactilar encontrada en un sitio de suceso. Estamos en la prehistoria de la prevención y represión.
¿Cuántas familias deben perder a sus seres queridos, antes que se implementen las medidas que políticos, policías, militares y jueces saben que deben aplicarse? En esta oportunidad, escenario y circunstancias, el objetivo estratégico de la sociedad es impulsar una planificación que logre reducir la criminalidad a niveles tolerables, en especial cuando están plenamente identificados los riesgos y los ciudadanos con alma, vida y corazón quieren neutralizarlos; ya que se conocen las causas y consecuencias.
La solución no es manipular las estadísticas, así un líder de oposición rechaza el centenar de cadáveres expuestos en la morgue un fin de semana, mientras un alto funcionario manifiesta que ese parte de guerra es producto del capitalismo: la paradoja cruel es que alguna de las víctimas podría ser su vecino, amigo, pariente lejano o compañero de curso. La ruta del crimen aterra a la nación y el porcentaje de resolución y condena de hechos delictivos graves, difícilmente se acerca a un 3% de la criminalidad conocida. ¿Qué espera el Gobierno para desarrollar medidas de protección efectivas en favor de la sociedad, a través de campañas de información, funcionamiento del número de emergencia policial y rápida respuesta mediante brigadas motorizadas, prevención situacional y la búsqueda implacable de delincuentes peligrosos?. La ruta del crimen se combate atacando la reincidencia y la impunidad, lo demás es basura.
juanmartin@cantv.net
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