El comunismo apostó a la centralización de todo lo económico
La caída del muro de Berlín, hace 20 años este mes, es símbolo de un cambio de grandes proporciones que ya se venía gestando y que tuvo sus luces más brillantes alrededor de ese acontecimiento berlinés: el movimiento obrero de Polonia, la caída del imperio soviético y la unificación de Alemania. Uno de los análisis más lúcidos de esa época es el que hizo Juan Pablo II en 1991, en su encíclica Centenario (1991).
Para Wojtyla, tres fueron las causas de la caída del socialismo soviético y sus satélites: la violación de los Derechos Humanos, la ineficacia para satisfacer las necesidades económicas mínimas de la población y la violación de los derechos de los trabajadores.
En su primera crítica coinciden todos, inclusive los que ya venían desmarcándose del llamado "socialismo real" soviético desde la invasión a Checoslovaquia, entre nosotros sobre todo Petkoff. Es paradójico que cuando el marxismo llega al poder se le llame "real", y sólo merezca críticas y distancias: lleva a pensar que el socialismo sólo es bonito mientras sea más "irreal". Porque la realidad socialista se mide en litros de sangre derramada, sangre de los propios ciudadanos; Stalin y Mao peores que Hitler. Para no hablar de lujos como libertad de expresión, cuya violación orwelliana tiene ejemplos dramáticos en la censura cultural cubana y ahora de nuestro ministerio y "la revolución de la conciencia".
La ineficacia económica fue la gota que derramó el vaso del declive soviético. Las libertades públicas normalmente interesan a las capas más educadas de la sociedad, como demuestran las encuestas en Venezuela, pero la falta de agua y luz acaba con cualquier apoyo popular, como también está demostrando Venezuela. Y el comunismo, soberbio como ningún sistema, apostó a la centralización de todo lo económico (de todo absolutamente, en realidad) lo que aparte de ineficiente viola la creatividad y espontaneidad de las personas: nada se produce, nada se emprende, ni por ricos ni por pobres y, cuando hay la fortuna de tener petróleo, todo se importa: (todavía no rueda ningún carro iraní).
Como polaco, Juan Pablo II siguió y sintió muy de cerca la liberación de los obreros polacos. Y con gran agudeza anotó la paradoja de unos proletarios revelándose contra la dictadura del proletariado. Porque aunque se disfrace con retórica, Aló Presidente y reparto de baratijas en el Teresa Carreño, patrono es patrono, sea una corporación transnacional o el Gobierno bolivariano. Pero este último es el más explotador de todos, si se cuentan las huelgas. Como dice el Partido Comunista, la venezolana sería la única revolución sin sindicatos: claro está, no le convienen al Gran Patrono Socialista.
Desde 1989 han pasado muchas cosas, como el pésimo manejo de Rusia luego del fin de la Unión Soviética, o el Consenso de Washington que a veces fue tan dogmático con el socialismo del siglo XXI, a pesar de las luchas de muchos latinoamericanos por corregir sus excesos. Pero la caída del muro cambió al mundo: para muestra el Presidente Chávez, que de golpista pasó a tolerar las elecciones, mientras las gane.
glinares@cjlegal.net
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