CARACAS, miércoles 04 de noviembre, 2009 | Actualizado hace
Las generaciones de venezolanos desde 1950 hemos transformado y degradado profundamente nuestro territorio. Desde ese tiempo nuestra capacidad para impactar nuestro territorio empezó a multiplicarse geométricamente a través del crecimiento poblacional, abundantes recursos petroleros fáciles, expansión de la red vial, deforestación, ampliación de áreas bajo uso agropecuario, urbanismo, producción de desechos sólidos y aguas servidas, incremento del parque automotor, desarrollo industrial, represas, aeropuertos y puertos, incendios de vegetación frecuentes y muchas otras formas. Todo ello con muy poca planificación y muy pocas consideraciones ambientales. Hoy, a una década del siglo XXI, estamos comenzando a pagar las graves consecuencias de nuestro irresponsable accionar, irresponsable con nosotros mismos y con los venezolanos del futuro.
La destrucción de los recursos hídricos que hemos adelantado en todo el territorio nacional, pero especialmente en la franja montañosa-costera desde Táchira a Sucre, donde vive el 90% de la población venezolana, la estamos sintiendo ya en el desmejoramiento de la calidad del servicio y en la calidad del agua que consumimos. La destrucción y degradación de los recursos edáficos ha reducido nuestra capacidad de producir alimentos, pese a la ampliación de la frontera agrícola a costa de la destrucción de unas 10 millones de hectáreas de nuestros bosques.
La extinción de paisajes, ecosistemas y especies vegetales y animales en la mitad Norte del país, casi desapercibida por lo progresivo de su avance, significa desmejoramiento de la calidad de vida actual y eliminación de posibilidades futuras. Valioso germoplasma extinto, paisajes degradados, acentuación de la rigurosidad del clima tropical, menores espacios para la recreación y el esparcimiento, frecuentes daños a personas y bienes por inundación, crecidas y torrentes son algunas de las consecuencias de nuestro desarrollo social y económico. El mismo daño ha comenzado con fuerza en el Sur del país.
Venezuela es un país con características de insostenibilidad comprobada en su desarrollo. Es necesario hacer correcciones profundas en nuestra forma de crecer demográfica, social y económicamente, so pena de acrecentar la degradación y continuar desmejorando hasta límites intolerables nuestra calidad de vida urbana y rural.
¿Qué podemos hacer?
1. Asumir nuestra responsabilidad personal y familiar, y tomar las medidas personales a nuestro alcance: producir menos basura y manejarla adecuadamente, consumir menos energía en nuestra rutina diaria de vida, usar sabiamente el agua, formarnos e informarnos mejor en los temas desarrollo sostenible, cambio climático, conservación de la biodiversidad, manejo de desechos, etc. y contribuir a formar a otros. Una medida inmediata a nuestro alcance es comportarnos con educación y cortesía en la casa, en el trabajo y en la calle. ¿Ha sido víctima Ud. de una tranca en un cruce de avenidas con el semáforo fuera de servicio, simplemente por falta de educación y cortesía de algunos? En sociedades educadas la gente actúa ordenadamente avanzando un vehículo a la vez de cada dirección (o dos si son dos canales), sin la necesidad de un policía de tránsito.
2. Exigir de los gobernantes, a todos los niveles, realizar su mejor esfuerzo por recuperar la sostenibilidad del desarrollo nacional, regional y local, y la formulación y ejecución de políticas acordes con ello. Criticar toda decisión que atente contra nuestra calidad de vida en forma inmediata o mediata, al igual que la omisión en tomar las medidas necesarias para restaurar el camino de la sostenibilidad. Todo ello a sabiendas que a veces tales medidas necesarias y urgentes no sean del agrado de todos, es decir, no sean populistas. En Mérida, por ejemplo, es necesario detener el desarrollo urbano y agropecuario de la cuenca del Mucujún, fuente de agua actual y en el futuro de los merideños. En el estado Mérida es necesario controlar el uso inadecuado de pesticidas en la agricultura y hacer avances determinantes en la recuperación de las cuencas altas. En nuestras ciudades aún no existe un adecuado sistema de tratamiento de aguas servidas y mucho menos de manejo de los desechos sólidos, que incluya el reciclaje de orgánicos, plásticos y metales.
Participar mucho más en todo lo que tenga que ver con nuestra parroquia, nuestra ciudad, nuestro municipio, nuestro estado y nuestro país, y ¿por qué no? con nuestro planeta. No debe ser que un puñado de personas lo decidan todo, pues ni la mente humana más extraordinaria, aún teniendo dinero en abundancia para gastar, puede tener la capacidad de resolver la complejidad de la vida de una ciudad, mucho menos de un país. Es necesario que todos nos involucremos en las decisiones grandes y pequeñas que tienen consecuencias para nuestra calidad de vida actual y futura.
Fac. Ciencias Forestales y Ambientales-ULA
wfranco01@hotmail.com
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