Este padecimiento poco diagnosticado merma la calidad de vida del paciente
La intolerancia a la lactosa es un problema común pero poco diagnosticado. Sus síntomas, leves o graves, son diversos y pueden confundirse con otros trastornos digestivos, por lo que la mayoría de quienes la padecen, no lo saben.
Según estimaciones de Mayra Gaetano, directora médica de Biotech Laboratorios, cerca de 75% de la población mundial es intolerante a la lactosa. Esta cifra también se refleja en el país. Según la región y la edad, se calcula que entre 60 y 80% de los venezolanos padecen trastornos por no procesar correctamente la lactosa, un carbohidrato o disacárido presente en la leche, en gran parte de sus derivados y en muchos otros alimentos e incluso en fármacos.
"La lactosa está también en sueros, sazonadores, cubitos, cereales y en 25% de los medicamentos, como anticonceptivos orales y antiácidos, entre otros", explicó Gaetano, durante la presentación de Lactbet, suplemento enzimático en cápsulas, que previene la intolerancia a la lactosa.
Los síntomas pueden aparecer incluso desde la infancia. Son básicamente trastornos intestinales que se presentan entre 30 y 120 minutos después de haber ingerido el producto con lactosa y pueden ser, entre otros, náuseas, dolores, distensión y pesadez.
La lactosa está compuesta de dos moléculas: galactosa y glucosa. Para procesarlas, una enzima denominada lactasa las separa. La intolerancia se produce en personas que carecen de suficiente lactasa como para hacer ese trabajo digestivo. Explicó Gaetano que el nuevo suplemento realiza esta acción enzimática faltante.
A los pacientes se les recomienda evitar la lactosa. "No quiere decir que no puedan tomar leche o derivados, sino que deben hacerlo en menor cantidad o espaciar su consumo", añadió Gaetano. Sin embargo, para evitar que pierdan los nutrientes, deben consumir suplementos de calcio y vitaminas. También se recomienda ingerir productos que, a pesar de ser lácteos, no contienen lactosa, como yogures caseros y quesos madurados.
"Este padecimiento no es peligroso, pero compromete la calidad de vida del paciente que, si continúa ingiriendo lactosa a pesar de ser intolerante, puede deteriorar gravemente su aparato digestivo", concluyó Gaetano. GCH
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