CARACAS, viernes 30 de octubre, 2009 | Actualizado hace
La unidad opositora es indispensable pero insuficiente. La fórmula debe procurar una unidad de toda la disidencia nacional, lo que involucra tanto a los factores identificados con la oposición, como a toda la gama de grupos que hoy conforman el complejo mundo del "no chavismo". Un esquema de esta naturaleza exige grandes sacrificios de los partidos, de quienes practican la resistencia atrincherados en otros campos, y de aquellos que, procediendo del propio chavismo, ejercen la crítica al gobierno, sin identificarse con el elenco de la "oposición tradicional". La tarjeta única es una gran alternativa, aunque en sí misma tampoco representa una panacea. La calidad de las candidaturas que ella ampare, el método de su escogencia, la apertura que se exprese en esa selección, y el ánimo con que se aborden los acercamientos entre la variedad de sectores que hoy adversan al "proceso", son condiciones cruciales para optimizar la eficiencia de una "tarjeta-paragua".
Si algo como esto prospera, el campo democrático venezolano -que en su amplia diversidad es abrumadoramente mayoritario- lograría mostrarle al país una transformación decisiva, capaz de contribuir a su conversión en "alternativa real"& Pero la tarea no es fácil: hacerla bien exige que todos los componentes de esta fórmula superen la incomunicación que les mantiene distanciados y enfrentados. El temor a la coincidencia es una de las peores rémoras presentes. El testimonio de las agrupaciones partidistas es crucial: tanto como lo es el de los otros factores disidentes, cuyo desprecio por la "oposición tradicional" nutre la desconfianza común y acentúa el círculo vicioso de la incomunicación& Es obvio que alguien debe dar un primer paso para despejar este camino de espinas.
La erradicación de discursos henchidos de antipatías contra quienes no desean asociarse "a lo que hay", es un aporte inestimable. Este no es el momento de los voceros mejor dotados para el insulto: es el de quienes pueden hablar un lenguaje sugestivo para los que vienen de regreso desde el chavismo y buscan identificarse con una opción que exprese sus inconformidades. La unidad concebida de otra manera apenas alcanzaría para conseguir algunas pocas curules. Incluso, una tarjeta única que sólo agrupe a sectores de la llamada "oposición tradicional" sería de utilidad precaria: lo mismo que una tarjeta que sólo agrupe a factores "renovadores".
El esfuerzo debe ser más ambicioso. Pero los enconados enemigos de la tarjeta única advierten que los partidos deben "medirse" porque son ellos los pilares de la democracia. En efecto lo son: no obstante, si aceptamos esa sentencia sin matices, debemos aceptar también que Chávez tendrá otras tantas "mareas rojas" hasta que las agrupaciones partidistas reconquisten el corazón del país. Alguien debería tomarse la molestia de explicar este "pequeño detalle": ¿qué viene primero? ¿El huevo o la gallina?
Argelia.rios@gmail.com
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