¿Sabrá el Mago del cansancio extremo de la gente y de los peligros de la obstinación?
En medio de la parranda socialista del siglo XXI han hecho su estruendosa aparición unas gemelas peligrosas. No, no son la Bruja mala del Este ni tampoco la Bruja mala del Oeste, que asolaban al tranquilo pueblo de Oz hasta que por allá llegaron Dorothy y su perrito Toto, súbitamente transportados hasta allí por un inesperado tornado. Pero estas dos hermanitas, que sí se hacen sentir con fuerza por el Este y por el Oeste de un país llamado Venezuela, traen mucha angustia al Mago de Oz.
Una, la que da más guerra, tiene el hermoso nombre de Luz, a pesar de que cuando aparece reina la oscuridad. A la otra, no menos terrible, le dieron por nombre Acqua y es su carencia, no su presencia, la que siembra angustias en el palacio del Mago.
Estas gemelas han venido a traer guerra y no parece que la realera, ni los cuentos chinos ni las totumitas ahora resucitadas y sacadas de su virginal inocencia puedan resolver mucho. No, las gemelas llegaron para quedarse y la mera idea de su larga estancia por toda la comarca siembra el desconcierto y el pánico en el palacio de Oz.
El Mago está perplejo y consternado. Se huele que será terrible -¿y definitiva?- la acción destructiva de las gemelas. Y como buen Mago que es, sabe leer los signos ominosos de la comarca. Conoce ya del tubo matriz que por los lados del Oeste, después de enviar preaviso con estruendo, estalló llevándose casas, carros y enseres de los asustados habitantes de esos lados de Oz.
¿Y qué es lo que ha hecho Luz? O mejor, ¿qué es lo que deja de hacer, que tanto irrita a los habitantes de Oz? La única forma de responder a esto es dando luz sobre una adicción, una peligrosa adicción que el Mago lamenta hayan adquirido tan profundamente los habitantes de Oz. Se hicieron adictos al aire fresco. Ya no quieren padecer los calores y sofocos que son la naturaleza misma de la comarca. Luz les hizo creer que Maracaibo podía seguir siendo la "ciudad más fría" de la comarca. Y tantas otras siguieron, alegres, su enloquecido ejemplo.
Y mira que el Mago les sermonea: "volvamos a los tiempos de Zamora y Maisanta, a los del calor parejo, a los del abanico y la tomadera de agua fresca. Qué tanto gozo con el frío, si no hay nada mejor que el calor de agobio", les repite para hartazgo de todos. Pero los adictos son así, adictos. Y enfurecidos responden con manifestaciones, gritos y quemas de caucho, que anuncian que pronto transformarán en pedradas, y hasta quién sabe en qué otro instrumento aterrador.
Pero el Mago se asustó y cree que todavía puede acudir a sus sermones sin fin. Ni cuenta se ha dado el pobre que ya ni para chistes sirven. ¿Le sopló alguien que los habitantes de la comarca no quieren palabras, sino que Luz se haga presente? Parecería, porque ya ofreció a Oz una mágica solución: ¡un Ministerio! Sí, así como lo oyen, ¡un Ministerio!
Luz, la hermosa Luz, vendrá y se quedará con nosotros. Gastaremos lo que haga falta y para que vean que esto comienza con buen pie, allí tienen a su Ministro: un servidor fiel -no de ustedes, ojo, sino mío- que como es buen revolucionario sabe mucho de luz. Cáiganse, más que cualquier técnico. Seguro estoy que con este revolucionario levantaremos un rápido expediente a Luz para que no escape y se dedique a servirnos. Lástima que los de Oz no se sosiegan ni creen en cuentos. Quieren es a Luz, no a un Ministerio ni a un diputado obrero que más bien podría destruir los aposentos de Luz.
¿Y qué me dicen de las andanzas de la otra hermana, de Acqua? Ah pueblo sudoroso, que de sus antepasados de la resistencia indígena recibió una herencia fatídica: el baño diario. ¿Sabían ustedes que fueron los indios quienes nos regalaron este legado? Incómodo legado a estas alturas, y peligroso.
Pero no sólo eso, quieren andar con ropa limpia los habitantes de Oz, y comer con vajilla y cubiertos relucientes. Ah gente mañosa, que no hace como los cubanos que han aprendido a hacer el Mar de la Felicidad en medio del hambre y la escasez. Pero Acqua no aparece por ninguna parte; se empeña en esforzarse por complacer los deseos del Mago: que todos compren su totumita, tan bella ella, y ¡zas!, en apenas tres minutos ya estarán limpios y bellos.
Chistes aparte, ¿es eso lo único que el Mago puede ofrecer: totumitas y abanicos? ¿Sabrá del cansancio extremo de la gente y de los peligros de la obstinación? ¿Sabrá de los chispazos de la ira social, que Acqua no logrará apagar? Cuidado, que Luz puede aparecer con una bella silla eléctrica, con el dedo listo sobre el suiche.
antave38@yahoo.com
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