La inminente realización de la Cumbre del Clima de la ONU en Copenhague, capital de Dinamarca, a celebrarse del 7 al 18 de diciembre de 2009, de la cual surgirá el acuerdo que substituya al Protocolo de Kyoto, es una buena oportunidad para colocarse al día en materia climática. Como una contribución a ese esfuerzo, sale de la imprenta la segunda edición del libro que titulamos "Grandes retos de la educación: el recalentamiento global de la Tierra", que busca documentar al público lector sobre todo lo concerniente a la más grande amenaza que se cierne sobre la humanidad: el desequilibrio en el ciclo calórico del planeta. Apuntamos en el texto que es necesario cambiar de enfoque internacional en torno a las estrategias científicas y educativas, que lejos de dispersar esfuerzos y auditorios, deben emprender iniciativas conjuntas para llegar a cada habitante del planeta y que éste adopte como consumidor individual de energía una concienciación sensible con respecto a la situación planteada. Igualmente enfatizamos la necesidad de que Estados Unidos y la China, las dos naciones más contaminantes del planeta, suscriban los acuerdos globales para generar una política efectiva de mitigación mundial del problema. Europa, más consciente de su maduro papel tutelar como el albacea de los valores culturales de la humanidad, ha generado una iniciativa conjunta que le ha permitido cumplir como comunidad frente al mundo, reduciendo las emisiones de carbono a la atmósfera en el viejo continente.
Al propio tiempo, ya enfocando nuestra mirada en Latinoamérica, es necesario que como continente asumamos una acción conjunta que nos permita plantearnos como región la generación y ejecución de políticas contribuyentes con la progresiva superación del problema. Tenemos la gran oportunidad como colectivo de unir iniciativas en torno a un modelo de desarrollo sustentable que no explote hasta su exterminación los recursos naturales de la región. Antes bien, tenemos la posibilidad y hasta el deber, de sumar nuestras voces sin distingos de ideologías, credos ni creencias, en una acción resonante que permita convertirnos en los más firmes voceros de la naturaleza que hemos de resguardar.
Efectivamente, en la III Reunión Ordinaria del Consejo de Jefas y Jefes de Estado y de Gobierno de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) celebrada en la ciudad de Quito, Ecuador, se declara el 10 de agosto de 2009 en el cuarto punto de la Resolución final del evento, que "corresponde enfrentar los desafíos que impone el calentamiento global y sus efectos en el clima del mundo, dentro del ámbito conceptual y procesal establecido por la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático y el Protocolo de Kyoto, poniendo de relieve el principio de responsabilidades comunes pero diferenciadas y las respectivas capacidades nacionales". Agrega la UNASUR: "De cara a la Cumbre de Copenhague, debemos esforzarnos para que la crisis económica y financiera no constituya una excusa para desatender este imperativo, para que el nuevo régimen de mitigación sea efectivo, justo y equitativo, comprenda metas más ambiciosas de reducción de emisiones y refleje las distintas responsabilidades de los países industrializados y en desarrollo, así como sus diferentes niveles socioeconómicos". El futuro depende de ello.
gerardoguarismauba@gmail.com
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