Bien podría asegurarse, de cara a la realidad que nos rodea, que el avance de una sociedad depende fundamentalmente de la calidad, pertinencia y oportunidad del conocimiento que es aplicado a la vida del colectivo. La acción que permite esa aplicación del conocimiento es lo que denominamos la acción social.
Max Weber en su obra Economía y Sociedad, señala que "Por acción social se entiende aquella conducta en la que el significado que a ella atribuye el agente o agentes, entraña una relación con respecto a la conducta de otra u otras personas y en las que tal relación determina el modo en que procede dicha relación".
El fomento de la participación, la horizontalidad, la colaboración y el compartir el conocimiento generado, así como la potencialidad transformadora de la herramienta usada, son relevantes en un proceso de acción social ciudadana y pueden facilitar a su vez el desarrollo de nuevos conocimientos, metodologías y herramientas. La aparición de tecnologías cibernéticas y telemáticas permite lograr, mucho más fácil y económicamente, desarrollos inéditos de la expresión textual-discursiva y de lo que se puede denominar como la semiótica de la imagen. Se producen así fértiles síntesis de campos separados hasta hace poco, a la vez que se abren posibilidades creativas inéditas.
La acción social supone una dinámica de generación, transferencia y difusión del conocimiento disponible, a partir de la interacción con los otros para su aplicación en experiencias prácticas orientada hacia la solución de situaciones problemáticas. Se traduce en la construcción de espacios de interacción social en una comunidad determinada, basada en el aprendizaje colectivo, continuo y abierto para el diseño y ejecución de proyectos que atiendan las necesidades o problemas identificados.
La administración de la acción social se encuentra enmarcada como una labor de gestión de conocimiento social, donde se relacionan concatenadamente pensamiento, palabra, acción, reflexión y praxis, para la transferencia, intercambio, aplicación y aprendizaje colectivo en el tratamiento de las necesidades y problemas detectados. Este concepto igualmente supone su ocurrencia entre factores que se activan para interactuar, superando el rol pasivo de una comunidad que sólo recibe "contenidos" de acción, pero que no los comparte, provocándose una falta de identidad y de compromiso que deriva en el naufragio de la acción al no crear consigo los vínculos que la hagan permanecer.
El conocimiento es libre por naturaleza y, ciertamente, puede generarse en soledad, pero sólo es fecundo dentro de un contexto social porque tiene la capacidad intrínseca de adquirir su máximo valor en tanto se transmite y es compartido de forma libre y abierta.
Lo que se denomina el emponderamiento social, el cual surge como una consecuencia natural de la acción social estructurada, está llamado a crear espacios de libertad de creación cada vez más amplios, cuando se incorpora a ese esfuerzo la Educación, la cual no es una simple preparación en destrezas laborales o el amaestrar a los niños o jóvenes a que no hagan daño y para que trabajen y obedezcan. Sobre todo es, como dice Fernando Savater, para que cada uno de nosotros a lo largo de la vida, vaya despertando y produciendo la mayor cantidad de libertad humana.
gerardoguarismauba@gmail.com
Rector de la Universidad Bicentenaria de Aragua
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