Héctor, no te están despreciando. En este contexto nuestro, el insulto es una honra
No Héctor, no es desprecio. Esa palabra no explica la razón por la que el Gobierno les ha encargado a los cubanos la gerencia de la mentada "Misión Cultura". El vocablo es inexacto. La ferocidad con que la revolución ataca a los sectores creativos del país, no describe a un régimen que desestima tu labor, ni la de tantos ingeniosos artistas venezolanos. Muy por el contrario, debes asumir que las autoridades bolivarianas valoran el arte y la importancia de lo que ustedes hacen, de la misma forma como aprecian a las fuerzas armadas, al petróleo, a las notarías, a la economía, y otras actividades tasadas como "estratégicas", donde hoy los cubanos ejercen de "comisarios políticos".
Si le aplicas el sarcasmo a la circunstancia -cuidando los modos que resguarden la inmensa monta de tu oficio-, no podrás desatender el hecho de que el Estado chavista está colocando a la cultura justo en el rango que ella siempre ha merecido. Me gustaría decir que "el modelo" la ha elevado a su más apropiado sitial: la apreciación, sin embargo, sería desconsiderada, porque nada tiene de majestuoso compartir semejante "rol estratégico" con los militarotes de esta V República. El punto es que "el proceso" le tiene reservado a la cultura una jerarquía muy especial, dentro de su afán de esculpir al monstruoso "hombre nuevo", en cuyas manos se halla el destino del poder establecido.
La tragedia que experimenta la cultura en la Venezuela bolivariana no es una novedad increíble. Ya antes del cierre de RCTV -que dio lugar a un manantial de discursos oficialistas en torno a la cultura, al espectáculo y a las variadas expresiones del arte-, la retórica revolucionaria anunciaba los días tempestuosos que le sobrevendrían al paisaje creativo venezolano. Las autocracias conocidas y por conocer le adjudican una tremenda utilidad al mundo de la creación y del entretenimiento, en el que ven a un aliado perfecto, útil para festejar y reforzar al poder. El arte, Héctor -tú lo sabes mejor que yo-, es un instrumento extraordinario para sembrar ideas libertarias, pero también puede llegar a ser -y para eso están allí los comisarios de Fidel- una terrible herramienta de opresión& Es eso lo que explica el motivo de este bochornoso apartheid cultural, que no merece ningún tipo de asociación con lamentables situaciones excepcionales del pasado, que al ser mencionadas por algunos, en plan de "comparación neutral", contribuyen a relativizar los atropellos contra la cultura.
Que un gobierno como éste descalifique por "perniciosos" a varios grupos de artistas y creadores sólo confirma la dirección que lleva la nave revolucionaria. Con certeza, ninguno de ustedes conquistará jamás un reconocimiento de tanta valía como el que acaban de obtener como forjadores de libertad. No te ofendas, Héctor. No te están despreciando. En este contexto nuestro, el insulto es una honra.
A Héctor Manrique, quien no debe ofenderse
Argelia.rios@gmail.com
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