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Plan de sustituir importaciones ha quedado sólo en el anuncio

El Ejecutivo ha anunciado esta política cinco veces durante 10 años

La entrada de productos extranjeros al país aumentó 109% entre el 2004 y el año pasado (Félix Gerardi/Archivo)
MARÍA GABRIELA AGUZZI V. |  EL UNIVERSAL
lunes 12 de octubre de 2009  12:00 AM

Por lo menos desde el año 2001, la población venezolana viene escuchando de boca de las autoridades gubernamentales que en el país es necesario implantar un plan de sustitución de importaciones.

La idea siempre ha apuntado a impulsar el aparato productivo nacional, a protegerlo. Se han creado incentivos para los productores venezolanos, que se han materializado en mayor o en menor grado, dependiendo del momento económico que atravesaba el país. Sin embargo, la política, hasta ahora, sólo se ha quedado en el anuncio. El viernes pasado, Jesse Chacón, líder de la Vicepresidencia de la Economía Productiva, fue el vocero de turno a quien le correspondió informar que en Venezuela "se va a seguir desarrollando la política de sustitución de importaciones y de agregación de valor nacional". Esto a pesar de que desde 1999 hasta el año pasado, período en el que se supone se han sentado las bases para la transición al socialismo, las compras de bienes y servicios (no petroleros) en el extranjero saltaron de $13.046 millones, a $45.220 millones, lo que implica un salto de 247%. La misma idea Van más de cinco veces en las que el Ejecutivo ha decidido que es hora de que en el país se restrinjan las importaciones. Pero las cifras del Banco Central de Venezuela (BCV), al cierre de cada ejercicio fiscal, han demostrado que la política se aplica poco o a la inversa.

Corría el año 2001, cuando la entonces ministra de Producción y Comercio, Luisa Romero, dijo que se controlaría la adquisición en el exterior de productos agrícolas, calzado, textil y para el ensamblaje de vehículos. No obstante la política anunciada, durante ese año el BCV registró un alza en las importaciones de 8%. Para ese entonces la palabra socialismo no estaba presente en el discurso gubernamental, pero se le decía a la población que en Venezuela comenzaba la revolución. En agosto de 2002, el turno fue para el viceministro de Industrias, Víctor Álvarez, quien informó que era momento de sustituir parte de los productos que entraban al país por nacionales. El plan de Álvarez fue mucho más específico, pues estimaba que era necesario restringir las importaciones en al menos $3.087 millones. En ese año, marcado por un escenario político movido tras los sucesos de abril y el comienzo del paro nacional, las compras en el exterior cerraron en $12.069 millones. Las consecuencias de la paralización de buena parte de la actividad económica hasta marzo de 2003 se vieron reflejadas también en la balanza de pagos de ese ejercicio fiscal, la cual develó que las importaciones se habían reducido 24%, al cerrar en $9.141 millones. Pero ya para 2004, cuando comenzó el "boom" de los ingresos, el "boom" del consumo y la "senda de crecimiento económico consecutivo", el monto total de las compras en el exterior repuntaron nuevamente hasta los $15.247 millones. En ese año, la viceministra de Industria, Edmée Betancourt, explicó que se había diseñado un plan para que al término de tres años se lograra reducir en 10% la cantidad de productos que venían del exterior. Lo que ocurrió fue completamente lo contrario. Desde ese año y hasta 2008, período en el que la palabra socialismo estuvo cada vez más presente en las alocuciones presidenciales, las importaciones se han mantenido en franco aumento. El salto durante ese lapso fue de 109%. Este año todo apunta a que la compra de artículos en el exterior caerá. Lo dijo el ministro de Economía y Finanzas, Alí Rodríguez Araque, a principios del ejercicio fiscal, con la llegada de la austeridad generada por la crisis mundial. Pero el Gobierno insiste en que la meta es sustituir esos productos por aquellos con sello "hecho en Venezuela". Lo propone otra vez, en medio de un escenario de recesión de la manufactura que, al menos para los empresarios privados, no parece tener un giro positivo. Por eso los industriales han manifestado que no realizarán las inversiones de capital requeridas para ampliar la capacidad productiva, condición sine qua non para que el objetivo de la sustitución de importaciones se alcance.

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