Debemos orar porque los responsables de la UE no equivoquen el rumbo
Con la aprobación otorgada por Irlanda al Tratado de Lisboa, en el referéndum celebrado el 2 de octubre de 2009, una vez sancionado por Polonia y la República Checa -que debe ocurrir en pocas semanas-, se despeja el camino para el salto cualitativo que está llamado a representar dicho Tratado en el proceso sostenido de integración cumplido por los países que integran la Unión Europea.
Así la UE se recupera de lo que califiqué de un "traspié" -en un artículo publicado en julio de 2008 en esta misma página- al referirme al rechazo al Tratado de Lisboa expresado por Irlanda en el referéndum celebrado entonces. Los quince meses transcurridos entre las dos consultas, como todo lo que ocurre en la Unión, no fue un tiempo perdido visto que, además de permitir superar las objeciones de Irlanda, sirvió para recordar a quienes corresponde hoy la responsabilidad de conducir a la UE la necesidad de tener presente los valores en los que se afirma su construcción. Valores que han permitido hacer de la UE un proceso de unión por la paz, que ha respondido a las raíces cristianas de Europa, por cuyo reconocimiento formal tanto luchó Juan Pablo II y sigue combatiendo su sucesor Benedicto XVI. Integración real
Por ello, la garantía de superación de las objeciones de Irlanda constituye un bien para toda la Unión y explica el apoyo dado al Tratado sobre la base de los acuerdos celebrados, por quienes comparten que la integración para ser real siempre debe estar al servicio de la persona humana.
En tal sentido se manifestó el obispo de Down y Connor, monseñor Noel Treanor, quien fue representante de Irlanda en la Comisión de Conferencias Episcopales de la Comunidad Europea, al señalar ante el Comité parlamentario para asuntos europeos del Tratado de Lisboa que un nuevo rechazo "podría poner en peligro este logro importante para la fe y la sociedad". Por eso, en la hora difícil por la que atraviesa la humanidad, en la que el relativismo que penetra a las sociedades acrecienta las amenazas a la libertad y la dignidad de sus miembros, debemos orar porque los responsables de la UE no equivoquen el rumbo y -como sus pioneros- sigan teniendo claro que el bienestar de la gente no obstante que parezca que puede devenir a partir de sólo asociaciones para potenciar intereses económicos o de otra índole, tal cosa no es factible si los gobiernos y los pueblos que afirman querer integrarse no comparten los mismos valores políticos, económicos y sociales, ni están dispuestos a defender todo el tiempo la libertad y los derechos de todos.
luisoberto@yahoo.es
de EL UNIVERSAL. Si no lo eres, Regístrate aquí
El Universal no se hace responsable por las opiniones emitidas en este espacio. Los comentarios aquí publicados son responsabilidad de quién los escribe.
El Universal no permite la publicación de mensajes anónimos o bajo seudónimos.
El Universal se reserva el derecho de editar los textos y de eliminar aquellos que utilicen un lenguaje no apropiado y/o que vaya en contra de las leyes venezolanas.
Cómo anunciar |
Suscripciones |
Contáctenos |
Política de privacidad
Términos legales |
Condiciones de uso |
Mapa del Sitio |
Ayuda
El Universal - Todos los derechos reservados 2011

