Venezuela avanzó a los octavos de final tras exhibirse frente a Tahití
|
|
El Cairo.- Todo comenzó con un nudo en la garganta y, luego, el canto a todo pulmón del Gloria al Bravo Pueblo, pero los venezolanos con recato y solemnidad inusual pronto se hicieron sentir. La bomba criolla duró poco contenida, cinco minutos, lo mismo que tardó la selección nacional en marcarle el primer gol a Tahití. El que casi se queda sin Mundial de Egipto, Salomón Rondón, era el primero en guiar a los suyos en la ruta a los octavos de final de la copa Sub 20.
La selección era cautelosa, pero en la tribuna los aficionados querían una goleada porque España había marcado ocho y Venezuela no podía ganar por la mínima. Los juveniles hicieron su trabajo y en 30 minutos tenían un resultado suficiente para la primera meta, trascender la primera fase; un 3-0 que completó José Manuel Velázquez y un penal ejecutado por Rondón.
Al final harían ocho, tal como los españoles, con goles marcados por Oscar Rojas, Yonathan Del Valle en tres ocasiones y la tripleta de Salomón. Una goleada de récord con cinco goles en un segundo tiempo, pero mucho antes en el estadio Al Salam se había instaurado la hora loca. Nada que envidiarle a una fiesta de matrimonio con sancocho incluido. Unos con turbantes, taqiyah, sombreros de arlequines, pitos, tambores y el tongoneo, iban en trencito agarrados escalera para arriba y para abajo, brincando en el pasillo.
"¡Yo te dareeeé, te dareé una cosa, una cosa que empieza por p& paliza!", el coro unido y empezaba el: "dame ron, dame ron, Santa Teresa ya". Aquellos cueros a reventar y a los nigerianos les daba envidia. Y uno sentía lástima por Tahití, era como verse en un espejo, pero ¡qué sabroso estar al otro lado del río!
Los venezolanos de la tribuna principal no vieron el partido, sólo los goles, cada uno una excusa para la fiesta. No había cervecita ni whisky, porque el alcohol en la religión musulmana no está permitido y 80% de la población son ortodoxos en Egipto, pero ni falta hacía, tenían una borrachera de felicidad.
Los anfitriones egipcios reían, felicitaban educadamente y miraban entre risas los festejos. Disfrutaban la libertad y el desparpajo al derrochar alegría.
En el vestuario la escena era otra. Al igual que en la victoria ante Nigeria (1-0), el presidente de la Federación Venezolana de Fútbol, Rafael Esquivel, entró y vio a un grupo sereno, disfrutando en paz.
En la cancha habían llorado algunos, arrodillados dando gracias a Dios, pero la euforia sigue contenida. Este grupo no cree que deba celebrar ahora, porque no cree que se vaya a ir pronto. Está convencido de que llegará más lejos.
La misma convicción se veía en el Suramericano y aquella historia terminó con una celebración que decía: "el que no salte no va para Egipto". Hoy estamos en El Cairo, ¿y mañana?
de EL UNIVERSAL. Si no lo eres, Regístrate aquí
El Universal no se hace responsable por las opiniones emitidas en este espacio. Los comentarios aquí publicados son responsabilidad de quién los escribe.
El Universal no permite la publicación de mensajes anónimos o bajo seudónimos.
El Universal se reserva el derecho de editar los textos y de eliminar aquellos que utilicen un lenguaje no apropiado y/o que vaya en contra de las leyes venezolanas.
Lo más...
Cómo anunciar |
Suscripciones |
Contáctenos |
Política de privacidad
Términos legales |
Condiciones de uso |
Mapa del Sitio |
Ayuda
El Universal - Todos los derechos reservados 2011

