A los dirigentes de hoy, sin armas y sin muertos, los encierran como presos comunes
En 1992, unos meses después del golpe que encabezó Hugo Chávez, al igual que muchos periodistas, fui a visitar a los personajes del momento a la cárcel de Yare. Para ese entonces el reporterismo era más sencillo. No se nos miraba como "enemigos" aunque nuestros escritos podían demoledores. Sin embargo visitar a líder de un golpe no pasaba de ser un hecho cotidiano en la vida de un reportero.
Así que me presenté al centro de reclusión, me identifiqué como periodista y con sólo la cédula accedí sin reparo al espacio que se había destinado a los uniformados rebeldes. Nadie nos impidió ingresar material para nuestra labor. Primero ubiqué a Arias Cárdenas, quien era mi principal motivo de atención. El hombre que tomó Maracaibo estaba alojado en una pequeña habitación, una cama, libros un pequeño aparato de música, un ventilador vertical, papelería y un pequeño almacén con comida enlatada.
Al final de la entrevista me llevó a conocer a Hugo Chávez quien prácticamente ocupaba toda el área compartida con unos cuarenta visitantes. Le di la mano y observé la variopinta diversidad que lo rodeaba: unos ultrosos de Ruptura aquí, izquierdozos sin partido por allá y algún que otro intelectual. Pero lo que más me llamó la atención fue las libertades de las que gozaban, que más que visitas aquello parecía una convención.
En estos años de la quinta república, las labores periodísticas me han llevado igualmente a entrevistarme con presos políticos. Para ingresar a Ramo Verde tuve que despojarme de cualquier instrumento reporteril, de mi credencial de periodista e indicar que visitaba a una persona distinta a los oficiales juzgados por delitos de rebelión, que eran mi objetivo. En la Disip fui a entrevistar al "Cuervo" y me asignaron dos custodios que no me permitieron conversar en privado con el detenido.
El pasado jueves a los diputados: Pastora Medina y Ramón Renault, les negaron la entrada a la cárcel de Yare donde, en una misión parlamentaria, pretendían constatar las condiciones en las que se encuentran el estudiante Julio César Rivas y el prefecto de Caracas Richard Blanco.
Ambos líderes pagan cárcel pese haber participado en protestas pacíficas.
Los líderes del 4F llegaron a Yare tras una acción armada dejando una estela de más de 300 muertos en el camino. Sin embargo la democracia los acogió como presos políticos y con los privilegios antes descritos.
A los dirigentes de hoy, sin armas y sin muertos, los encierran como presos comunes, sin condiciones especiales, sin derecho a la defensa y sin siquiera el privilegio de ser supervisados por una comisión parlamentaria. Son las diferencias entre democracia de ayer y revolución de hoy.
folivares@eluniversal.com
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