CARACAS, sábado 26 de septiembre, 2009 | Actualizado hace
La semana transcurrida ha sido pródiga en noticias internacionales dignas de comentar pero la dictadura del espacio, vigilada inflexiblemente por el responsable de esta página, obliga a abordar tan solo una, en este caso la mas regional y pintoresca como es el regreso de Zelaya a Honduras aclarando que nuestro horizonte de información sólo llega hasta el miércoles, fecha en que debimos entregar nuestras líneas a la redacción.
El tema Zelaya puede abordarse al menos desde tres perspectivas complementarias; ellas son la jurídica, la diplomática y la política. Ninguno de esos ángulos en solitario nos puede conducir a la comprensión completa de una acción que fue pensada y ejecutada combinando cada una de esas visiones para crear -como en efecto creó- un problema internacional e interno serio.
La perspectiva jurídica gira en torno al tema del derecho de asilo en el cual se han presentado aristas que -a nuestro entender- no tienen antecedentes.
El asilo es una tradicional institución del derecho internacional cuyo objetivo es permitir que una persona solicitada por las autoridades de un país pueda evitarlo sustrayéndose de la jurisdicción del mismo ya sea saliendo de su territorio o ingresando a una sede diplomática extranjera. Pues bien, el Sr. Zelaya hizo al revés: estando fuera del alcance de la justicia hondureña que lo requiere, ingresó al territorio para ponerse de inmediato al abrigo de la embajada de Brasil en calidad de "huésped" (incómodo tratándose del jefe de Estado reconocido por el anfitrión).
Brasil no reconoce al gobierno de facto de Honduras pero sin embargo mantiene allá su embajada cuya garantía de seguridad la debe brindar Micheletti & Co.
Al mismo tiempo el gobierno de facto exige a Brasil -con fundamento- que otorgue asilo o devuelva al personaje. Si Brasil decidiere otorgar el asilo debiera comunicar el hecho y pedir el salvoconducto de salida a un gobierno que no reconoce. Si optara por no hacerlo le cabe entregar al "huésped" a quienes lo esperarán en la puerta. ¡Una pelusa!
Lo anterior sugiere que la diplomacia debe asumir un rol importante y profesional pero no necesariamente público ni visible. Brasil tiene el peso, el prestigio y el recurso humano para ello. Honduras, de manos del canciller López Contreras -colega académico internacional del suscrito- luce bien equipada en lo profesional. Falta ahora que los diplomáticos no se enfrasquen en los formalismos que caracterizan su profesión y más bien sean amplios e innovadores como para entender que la complejidad del tema es demasiada para que lo manejen ellos solos.
Lo anterior nos lleva a la visión política que en definitiva luce como definitoria. No se puede encasillar un problema político como este en el marco rígido del derecho ni de la diplomacia. Son los políticos -flexibles por naturaleza y profesión- quienes deberán nutrirse de otros insumos para buscar una solución práctica que satisfaga a muchos aunque no a todos. Para ello se precisarán concesiones de lado y lado. De ello depende la paz en Honduras y la estabilidad regional. Por eso lo interesados somos todos, no sólo ellos.
apsalgueiro@cantv.net
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