Venezuela, por primera vez está representada en una cumbre por gente capaz. Los que asisten no fueron objeto de premios especiales ni de consolación. Están porque tienen credenciales, porque en buena lid, con sus iguales, se ganaron el derecho de representar al país. Van vestidos, gracias a Dios, de un color vinotinto, que lejos de excluir, incluye.
En África se escenifica una cumbre mundial. Las promesas del orbe están ahí, jugándose la vida en el terreno; demostrando en el campo que las teorías de administración de energía tienen sentido; que el esfuerzo hasta el último momento vale la pena; que no todo está escrito cuando se trata de luchar y de alcanzar la victoria.
Los que asisten a esa cumbre verdadera saben, por sobre todas las cosas, que hay reglas para respetar; que hay árbitros; que hay contendientes, y que para que se dé el juego, deben reconocer al rival; saber que existe y que también tiene derecho a procurar su triunfo.
La cumbre de África, la auténtica, concentra a una generación que no le da la espalda a la realidad; sino que más bien la asume. Un puñado de jóvenes que antes de inventarse un torneo propio para sobresalir; se fogueó como los buenos, y lucha por demostrar su fuerza, su entrega, su determinación.
Los venezolanos que no están acostumbrados a ir de cumbre en cumbre; son despreciados. No es la primera vez que ocurre. A principios de año, cuando se ganaban el cupo para estar en Egipto, en el campeonato mundial de fútbol de la categoría sub-20, los muchachos debieron ver -a la distancia- como desde el poder les inventaban un tinglado -con Maradona incluido-, sin valorar su esfuerzo.
Esta vez pasa lo mismo. Mientras en Egipto 22 jóvenes se comprometen con la evolución, con el cambio para bien, con la esperanza y la ilusión de un pueblo; aquí, en el país que los vio nacer, se les da la espalda, y se monta un show; casualmente, con unos invitados de África.
El país -pareciera- ya se sabe la jugada. Sabe reconocer las cumbres que valen la pena e identificar las que son fantoche. A Dios gracias se podrá recordar en el futuro, con la fuerza que da la convicción de los hechos concretos, a los pioneros Romo, Velázquez, Rondón, Peña… y condenará al espacio de los malos momentos a la fila de obsoletos dictadores, que junto al anfitrión, le dieron la espalda a una auténtica cumbre del futuro.
ayanezm@gmail.com
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