Los acróbatas dicen que se debe evitar que Zelaya le dé un golpe de estado a Micheletti
Los analistas internacionales opositores han montado últimamente tales actos de malabarismo que no se extrañe usted si se encuentra a alguno de ellos en un semáforo, haciendo equilibrio sobre un monociclo y manteniendo en el aire -con suma destreza- cinco pines de bowling y dos antorchas prendidas.
Si lo ve, por favor, déle aunque sea unas monedas, que eso de hacer maromas con temas internacionales no es cosa de la que pueda ocuparse cualquier funámbulo.
A los prestidigitadores del acontecer mundial primero les tocó demostrar que secuestrar a un presidente, montarlo empiyamao en un avión y arrojarlo en la pista de un aeropuerto de otro país, no es un golpe de estado. Genial.
Recuerdo en particular a una señora ilusionista, quien manipula leyes, códigos y convenios internacionales, como si fueran unos diábolos. Fue hipnotizando a la audiencia hasta que dijo que la medida contra Mel Zelaya fue un hermoso gesto de soberanía y la prueba de una independencia de poderes que ya quisiéramos tener acá, en esta tiranía opresora. La aplaudieron mucho porque no hizo el complicado truco forense en cualquier esquina, durante el tiempo que dura una luz roja, sino en televisión en prime time.
Luego de varias semanas de intenso furor, el numerito de Honduras había perdido atractivo, incluso para los más fanáticos de las artes circenses. Surgió, entonces, otro tema que obligó a los maestros del tejemaneje a presentar nuevas suertes: el asunto de las siete bases.
Los acróbatas de la política exterior apostaron todas sus peculiares habilidades para convencer a su público de que el pacifista Uribe tiene derecho a alquilar a Colombia como patio (trasero) de armas de Estados Unidos, mientras el belicista Chávez se entromete -¡qué pena!- de una manera indiscreta y poco diplomática. Los malabar-analistas internacionales salieron en cambote a hacer sus mejores piruetas. Unos iban en zancos y otros se arriesgaron a saltimbanquear con machetes, espadas y bastones del diablo. Luego, claro, todos pasaron el sombrero.
Ahora -volteretas que da la vida- la atención se ha centrado de nuevo en Tegucigalpa. Contorsionistas, trapecistas y hasta uno que otro escupefuego ejecutan audaces cabriolas. Todos coinciden en lanzarle un cable de equilibrista a los gobernantes de Honduras, que -vaya gambeta- son de facto, pero muy democráticos. El premio mayor se lo llevó el malabar-analista que se hace llamar "embajador" y actúa a bordo de un globo. El resumen de su performance es: "Hay que evitar que Zelaya le dé un golpe de estado a Micheletti". Y lo que más asombro causó en los embobados mirones fue que hizo esta trápala no con dos pares de ... -¡zambomba, recórcholis!-, sino con cuatro.
clodoher@yahoo.com
de EL UNIVERSAL. Si no lo eres, Regístrate aquí
El Universal no se hace responsable por las opiniones emitidas en este espacio. Los comentarios aquí publicados son responsabilidad de quién los escribe.
El Universal no permite la publicación de mensajes anónimos o bajo seudónimos.
El Universal se reserva el derecho de editar los textos y de eliminar aquellos que utilicen un lenguaje no apropiado y/o que vaya en contra de las leyes venezolanas.
Cómo anunciar |
Suscripciones |
Contáctenos |
Política de privacidad
Términos legales |
Condiciones de uso |
Mapa del Sitio |
Ayuda
El Universal - Todos los derechos reservados 2011

