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El ejemplo de Ernesto

Para Venezuela, Ernesto fue siempre parte de las soluciones y nunca del problema

ANTONIO A. HERRERA-VAILLANT |  EL UNIVERSAL
jueves 24 de septiembre de 2009  12:00 AM

Hay países en que la baja autoestima de grandes sectores de la población profundiza marginalidades y resentimientos que resultan fácil combustible para intermitentes acometidas de barbarie contra civilización -un fenómeno que muy bien describió Rómulo Gallegos.

En esas sociedades, sucesivas generaciones son sometidas a un permanente diluvio de mensajes, abiertos y subliminales, tendentes a descalificar todos sus valores positivos como nación.

Entre sus mensajes políticos se propaga una sarta de ignorantes consejas, arraigadas en el imaginario popular a fuerza repetición; que apelan a mínimos comunes denominadores de vulgaridad e irresponsabilidad.

Bandas delictivas Montadas en semejantes bases, a veces se imponen bandas delictivas que en su fondo desean que toda la gente decente desaparezca, que emigre o que se extinga; porque su mera presencia es permanente recordatorio de las deficiencias e ineptitudes propias.

En esos países el estruendo de la agresiva chabacanería por ratos opaca la persistente presencia de una legión de gente valiosa que a través de los siglos se ha dedicado -contra vientos y mareas- a hacer patria y multiplicar civilización sobre bases de ética y motivación al logro.

Excelente exponente de ellos es Ernesto Eugenio Vogeler Mendoza, recién desaparecido para Venezuela con apenas 46 años de edad, nieto primogénito de un hombre que en su tiempo simbolizó una aspiración de país en positivo, y heredero directo de la sangre del Libertador Simón Bolívar.

Más allá de la genética, la vida de Ernesto constituyó ejemplo vivo de decencia, epítome de hidalguía, de señorío con sencillez, de fidelidad a sus compromisos, y sobre todo de permanente disposición para encarar cualquier reto con espíritu positivo, levantando banderas cada vez que flaqueaban.

Servilismo indigno Ernesto jamás tiró la toalla. Entendió perfectamente que el servilismo es indigno y contraproducente, y que ante oleadas de barbarie lo único que vale es mantener gentilicio, respeto y dignidad. Y sabía que ellos tan solo se conservan proyectando ejemplo, con un compromiso activo y persistente en construir patria -sin competir en torneos de verborrea y estridencia.

Para Venezuela, Ernesto fue siempre parte de las soluciones y nunca del problema.

Un excelente exponente de una Venezuela decente queda ahora por siempre joven en el recuerdo. Y deja su ejemplo, testimonio que fortalece la reafirmación de mejor futuro en todos los venezolanos de bien. Adiós, amigo: chapeaux.

aherreravaillant@yahoo.com

 



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