Cuando la religión predica la libertad de las personas, las prepara para vivir en democracia
En medio de la confusión por la que atraviesa la humanidad en su búsqueda del rumbo que debe tomar para que el "bien" prevalezca sobre el "mal", constituyen hitos importantes -en las discusiones que a tal efecto se desarrollan- los encuentros que se realizan para considerar la necesidad de garantizar en todos los tiempos, lugares y circunstancias la libertad religiosa, como vía para el fortalecimiento del alma de los pueblos para ese combate.
Los encuentros
Son ejemplos de esos encuentros: el seminario sobre "Libertad de religión o de creencias", organizado por la Oficina para las Instituciones Democráticas y los Derechos Humanos de la OSCE, celebrado a comienzos de julio en Viena; la reunión "por la amistad de los pueblos", organizada por el movimiento eclesial Comunión y Liberación, realizada a fines de agosto en Rimini, Italia, en la que intervino el ex primer ministro de Gran Bretaña Tony Blair -hoy miembro de la Iglesia católica- quien expuso que considera que "una sociedad, para ser armoniosa, tiene que dejar espacio a la fe"; el Congreso Internacional "Hombres y Religiones", celebrado en septiembre en Cracovia, en el que, además, se reunieron religiosos de diversas partes del mundo para rezar por la paz, en el 70 aniversario del inicio de la II Guerra Mundial; y, el Seminario Internacional "Voces: el Estado Laico y la Libertad Religiosa", a celebrarse en Ciudad de México a finales de la corriente semana, auspiciado por la Arquidiócesis de México, en el cual se abordarán temas relacionados tanto con la aplicación de la libertad religiosa en un contexto internacional como cuestiones específicas de países de nuestro continente.
Fuerza espiritual
Cuando la religión predica la libertad y la dignidad de las personas como valores intrínsecos a ella, dota a las personas de la fuerza espiritual necesaria para no aceptar el sometimiento por sus semejantes. Las prepara para vivir en democracia.
Por ello, los regímenes totalitarios que suelen enmascarar su proceder tras la supuesta consecución de una utopía que les sirve para seducir a los pueblos durante su imposición y justificar posteriormente su accionar arbitrario, siempre combaten la libertad religiosa, cualquiera sea la utopía propuesta: como la igualdad de los hombres, no en el respeto de su libertad y dignidad como personas que les permitiría realizarse individualmente según su querer y empeño, sino conforme al cartabón dispuesto por el régimen. ¿Cuál es la utopía?, poco importa. Lo que importa es que quienes caen bajo su dominio siempre sufrirán por igual.
luisoberto@yahoo.es
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