El oficialismo ha fomentado los sindicatos bolivarianos, para debilitar los tradicionales
Un sindicato debe propiciar la mejora de sus afiliados, lo prioritario es lo económico y la seguridad social: nunca lo ideológico puede aplastar las reivindicaciones y el bienestar del trabajador y además se debe tomar en cuenta que las pretensiones exageradas pueden destruir a cualquier empresa. Por ello es injustificable la actuación de los sindicatos oficialistas en el sector público, renunciando a conquistas esenciales, mientras se empeñan en acosar a empresas privadas productivas y muy empleadoras.
El modus operandi es cruel: un puñado de trabajadores constituye un sindicato, que es reconocido de inmediato por la Inspectoría del Trabajo, sus dirigentes ofrecen reivindicaciones imposibles de cumplir a la masa laboral y terminan paralizando, y a veces cerrando, a la empresa respectiva. Todavía peor, a veces proceden a constituir un segundo sindicato y el desafío es ver quién exige de manera más irracional: ese es el caso de las ensambladoras de automóviles.
El régimen quiere sustituir a la propiedad privada por la propiedad social, acentuar la lucha de clases y anteponer la ideología a los intereses de los trabajadores. En unos casos se estatiza, como las cementeras, Cantv, EDC y Sidor, disminuyendo la eficiencia hasta generar pérdidas; en otras se acorrala a empresas en plena producción, porque las autoridades no actúan como mediadores sino con el peso que inclina la balanza hacia el extremismo, a través de comandos políticos subsidiados por el oficialismo: de esa forma la negociación laboral se ha ido convirtiendo en una estrategia de supervivencia.
El gobierno utiliza todos sus recursos contra la libertad sindical, se niega a discutir los contratos colectivos del sector público y discrimina a los trabajadores que no comulgan con el radicalismo, lo cual es evidente en los empleos perdidos a raíz de las expropiaciones en la Costa Oriental del Lago de Maracaibo.
Los sindicatos democráticos añoran la época de la Comisión Tripartita, cuando el Estado, Fedecámaras y la CTV lograban consensos, cediendo en sus pretensiones para proteger el empleo duradero. Ahora hay más sindicatos, pero la atomización sólo rinde dividendos a las autoridades, ya que disponen de un mayor margen de maniobra para la discusión y echar para atrás los beneficios obtenidos en los contratos colectivos del sector público: Metro. También para retardar el contrato petrolero, dejar sin resolver 300 asesinatos de sindicalistas y criminalizar el derecho a huelga.
El oficialismo ha fomentado la creación de sindicatos bolivarianos, para debilitar los sindicatos tradicionales y provocar incidentes que facilitan la intervención del Ministerio del Trabajo, mientras el empleo privado grave es tres veces superior al empleo público.
Acosar y derribar las empresas productivas es destruir el empleo permanente, sano, enriquecedor y sustento de la mano de obra secundaria y terciaria. En definitiva se ataca a sangre y fuego al sector privado, no se atiende como es debido a la economía informal y se prefiere subsidiar y crear empleo público improductivo. El final de la trama son las estatizaciones, invasiones y la amenaza de la propiedad social: fórmulas inviables y aberrantes.
juanmartin@cantv.net
de EL UNIVERSAL. Si no lo eres, Regístrate aquí
El Universal no se hace responsable por las opiniones emitidas en este espacio. Los comentarios aquí publicados son responsabilidad de quién los escribe.
El Universal no permite la publicación de mensajes anónimos o bajo seudónimos.
El Universal se reserva el derecho de editar los textos y de eliminar aquellos que utilicen un lenguaje no apropiado y/o que vaya en contra de las leyes venezolanas.
Cómo anunciar |
Suscripciones |
Contáctenos |
Política de privacidad
Términos legales |
Condiciones de uso |
Mapa del Sitio |
Ayuda
El Universal - Todos los derechos reservados 2011

