El público lo aplaudió más cuando cantó "Granada" y el "Alma llanera"
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Ni la amenaza de lluvia ni el frío amilanaron a los 5.500 asistentes (según los organizadores) la noche del concierto de Plácido Domingo y Virginia Tola el jueves en el Campo de Fútbol de la Universidad Simón Bolívar.
A sus 68 años, el tenor español tiene mucha voz y eso lo demostró en sus interpretaciones, incluso por encima de las dificultades que tiene cantar en ese espacio, poco propicio para la música con orquesta.
La velada inició con Marcha húngara de Berlioz, que bajo la batuta del director estadounidense Eugene Kohn puso a calentar a los 150 músicos de la Orquesta Sinfónica Juvenil Teresa Carreño. Al terminar la pieza, apareció en escena el tenor vestido de pies a cabeza de negro.
La emoción fue in crescendo en el concierto de casi dos horas en el que sólo había programadas 16 piezas, seis de las cuales fueron interpretadas por él solo.
Y la soprano argentina Virginia Tola, que sustituyó a Ana María Martínez, también sorprendió a los asistentes. Ella interpretó cinco piezas del programa en solitario.
En dos ocasiones ambos cantantes estuvieron juntos en la interpretación. Uno de éstos fue cuando interpretaron el fragmento de West Side Story de Leonard Bernstein, inspirada en la historia de amor de Romeo y Julieta.
La boda de Luis Alfonso de Giménez puso a relucir una orquesta versátil capaz de interpretar este sainete con sus características castañuelas. El público agradeció, por primera vez de pie, a los músicos.
Sólo en la última pieza del programa, ¡No puede ser! de Sorzabal, el público se puso de pie, esta vez para aplaudir al tenor.
El otro concierto
Al finalizar, se dirigió al público: "Parece que todavía no se quieren ir". Y volvió segundos después. Otro concierto fue el que empezó cuando culminaron las obras del programa. El gato montés una ópera en tres actos.
"No se oye nada", repetía Domingo ante las peticiones del público. Entonces siguió el tango El día que me quieras, la única pieza en la que se convirtió en el director de un gran coro que fue la audiencia.
Los celulares volvieron a encenderse para captar su versión de Bésame mucho. Llegó el momento de Granada, la más solicitada. Siguieron aplausos de pie. El público no se sentó porque enseguida sonaron los acordes de Alma llanera.
El maestro José Antonio Abreu fue invitado a subir al escenario. Allí el español expresó su admiración hacia la labor de Abreu. El creador del Sistema le pidió que dirigiera a los jóvenes. Domingo repitió la experiencia del miércoles en el ensayo que presenció. Así que alzó la batuta para dirigir el cuarto movimiento de la Sinfonía N° 5 de Tchaikovsky.
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