Inflación, secuestros, crímenes, robos, terrorismo judicial, corrupción, represión policial...
Escuchando los alegatos de renombrados analistas y expertos venezolanos sobre la catástrofe a la que Chávez conduce el país, pensábamos en lo diferente que habría sido el destino de Venezuela si el militar-presidente no se hubiera dejado dominar por los demonios del totalitarismo que aniquila los derechos humanos y destruye la propiedad privada, a semejanza de su mentor Fidel Castro (un cubano acaba de ser condenado a dos años de cárcel porque gritó "¡¡Aquí no hay comida!!", "¡¡Tenemos hambre!!").
En el aniversario 40 de la llegada del hombre a la Luna escribe Milagros Socorro (EN 19-07-09) que el país "iba para arriba como un cohete". Había auge de la construcción, pocos homicidios, baja inflación y matrícula educacional en ascenso (hoy, con una educación ideologizada, más de un millón de niños y adolescentes caraqueños están excluidos del sistema, según cifras del Ministerio de Educación). En 1969 los periódicos venezolanos anunciaban el auge de la construcción. Había casas y edificios para todos los gustos. La cronista (recién casada entonces) compró su casa en 1967 por Bs. 90 mil (20 mil de cuota inicial y el resto a 20 años a un interés del 6%) en una zona residencial de Maracaibo (sala-comedor, tres habitaciones más servicio, tres baños, cocina, garaje y jardín). Ningún joven profesional puede comprarse hoy una vivienda "digna", como califica Chávez a las escasas "cajas de fósforos" que se resquebrajan al poco de ser entregadas. Con un ingreso de $ 900 mil millones, superior al de los gobiernos anteriores juntos, la "revolución" apenas ha construido 35 mil viviendas por año, a diferencia de sus antecesores que alcanzaron entre 80 y 100 mil. La novelista Ana Teresa Torres ilustra así el progreso de la época: "Cuando el hombre llegó a la luna, Venezuela no tenía satélites, pero era un país con esperanza. Exhibía excelentes cifras en salud y educación, se crearon las principales instituciones culturales, la infraestructura mostraba grandes hitos y la democracia era sólida. Los efectos democráticos se hacían sentir y alcanzamos una de las mayores movilidades sociales del mundo". Pese a la falsa versión de Chávez, en los 60 y 70 se erradicó el analfabetismo, se triplicó la matrícula del preescolar y hubo el crecimiento explosivo de la educación media y superior, a la que tuvieron acceso los sectores populares y de la que emerge una clase media profesional numerosa. Fueron momentos estelares de la literatura venezolana, de la cultura, del teatro y, en general, de todas las artes. Hoy la educación y la cultura están bajo acoso oficial.
Imaginemos el progreso económico y social que registraría Venezuela en estos momentos si con el carisma y la capacidad de persuasión mostradas por Chávez en los primeros años de su gobierno y los inmensos recursos provenientes del boom petrolero se hubiera propuesto llevar a los mejores venezolanos a su gobierno ( y no a los tirapiedras de antaño y a los militares golpistas); si hubiera estimulado al sector privado para aumentar la producción agrícola e industrial, hoy en preocupante caída (¿por qué Jaua no muestra los latifundios confiscados por el MAT que, según él, están en plena producción agroalimentaria?, ¿cómo justifica que tengamos que importar café y que el azúcar brille por su ausencia?); si hubiera aplicado un plan de seguridad social en beneficio de los trabajadores y de los desposeídos, e impulsado agresivos programas de educación y salud públicas, sin coartar la educación y salud privadas. Pero Chávez hizo todo lo contrario: con su odio hacia la propiedad y la meritocracia gerencial, optó por confiscar tierras y fábricas y expropiar poderosas empresas como Sidor, Elecar, cementeras y bancos, entre otros. Su obsesión por permanecer en el poder le condujo al control absoluto de los poderes públicos, a la violación de la Constitución y a la puesta en marcha de una feroz represión selectiva contra la disidencia.
Pdvsa hoy está fuertemente endeudada, sólo produce 2,1 millones de bpd, importa 120 mil barriles diarios de gasolina: incumple en 80% el contrato colectivo, y persigue a los trabajadores. Pequiven arrastra pérdidas y aumentó su deuda con los bancos en un 587%. Las empresas de Guayana han sido quebradas por el régimen y sus trabajadores reclaman en medio de un polvorín. Edelca y Elecar también registran pérdidas. Los apagones y el racionamiento continuarán porque no se han hecho las inversiones necesarias. El gobierno ni siquiera sabe a cuánto asciende la deuda pública externa (Merentes dice que es de $ 48.302 millones y Rodríguez Araque $ 29.847.
Inflación, secuestros, crímenes, robos, terrorismo judicial, corrupción y represión policial y militar constituyen el vivo retrato de la Venezuela en manos de Chávez. Por eso está urgido de silenciar a los medios.
mcolomina@gmail.com
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