Uno de los propósitos de los totalitarios es la sustitución de Dios por sus ideas
En todas las sociedades, especialmente las que han contado con instituciones civiles capaces de sostener los valores intrínsecos a la persona humana, la religión ha constituido un obstáculo importante para la concreción de los propósitos de quienes pretenden negar la dignidad de las personas y suprimir su libertad de realizarse -individual y familiarmente- según su querer y empeño. En particular para los totalitarios, en cuyos planes siempre figura eliminar o mediatizar las creencias religiosas de los pueblos.
Advertencia
En todos los casos -circunstancias y países- ha sido propósito de los totalitarios la sustitución de Dios por sus ideologías: sacar a Dios del corazón de los pueblos. De allí, la actualidad del llamado del Papa Juan Pablo II contenido en su Carta publicada con motivo del 50 aniversario del inicio de la II Guerra Mundial, a la reflexión sobre "una de las tragedias más destructoras y más inhumanas de nuestra historia", provocada por los grandes totalitarismos del siglo XX y que causó la muerte de más de cincuenta millones de personas.
Dicha Carta ha vuelto a ser publicada recientemente con motivo de cumplirse 70 años del inicio de esa guerra, que no debemos ignorar a la luz de las propias palabras de Juan Pablo II que nos recuerdan que "...el rearme sin límites, el uso incontrolable de armas sofisticadas, la violación de los derechos fundamentales de las personas y de los pueblos, la inobservancia de las reglas de conducta internacionales, así como la imposición de las ideologías totalitarias no pueden más que llevar a la destrucción de la humanidad".
Por eso, en esta hora es necesario preguntarse si -como sucedió ayer con Polonia y Cuba- hoy a gran parte de la dirigencia mundial, inclusive de países realmente democráticos, tampoco le importará que en Honduras se imponga un régimen comunista, gracias a sus acciones y omisiones y la falta de interés mostrada en precisar la naturaleza real de los hechos ocurridos en ese país, capaz de llevar a ese pueblo y a otros pueblos de la región a la guerra.
Guerras
Los totalitarios, según sus circunstancias, siempre provocan sus guerras: contra sus pueblos -en cuyo seno promueven el odio y la discriminación- y los otros pueblos que de alguna manera se interponen en su afán expansionista. Por ello, en el tiempo que vivimos -en el que los totalitarios pugnan por imponerse y expandirse- lo aconsejable es estar alerta y esforzarnos por entender lo que sucede y los propósitos finales de quienes generan los hechos políticos negativos que observamos.
luisoberto@yahoo.es
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