Él sabe que sus oportunidades de recuperar el poder democráticamente son nulas
Manuel Zelaya, abruptamente sacado de la cama y expulsado de Honduras y de la presidencia dos meses atrás, estuvo en Washington la semana pasada y le pidió ayuda al gobierno de Barack Obama para que lo regresara al poder. Asombrosamente, la Casa Blanca accedió. Suspendió la ayuda financiera y desconoce, lo denomina gobierno ilegal de facto en Honduras. Esto muestra el poco conocimiento o interés de Washington acerca de lo que ocurre al sur del Río Grande. Pareciera, entonces, que no hay nada nuevo.
Incluso los niños de Honduras saben la historia. Zelaya estaba obsesionado con el poder y encontró una forma de mantenerlo, un truco que los venezolanos reconocerán: primero, cambiar la Constitución; segundo, realizar unas elecciones fraudulentas; tercero, pretender que es una democracia; y finalmente, actuar como si la soberanía del Estado estuviera siendo insultada si alguien dice lo contrario. Pero Zelaya no tuvo la suerte, la habilidad ni el dinero de Chávez en este juego. Cuando Zelaya presionó para distribuir las papeletas electorales para el referendo que le permitiría postularse a la reelección, la Corte Suprema de Honduras dijo no, que era inconstitucional, y la Asamblea Nacional también dijo enfáticamente no -¡y eso incluyó a todos los diputados del propio partido de Zelaya, salvo tres de ellos! Así que, constitucionalmente, el Ejército debía sacar a Zelaya de la Presidencia o de lo contrario Honduras hubiera perdido su democracia constitucional.
Zelaya calculó que Washington sabe poco y se preocupa menos aún por América Latina, y que Honduras no es la excepción, y acertó. Zelaya calculó que si lanzaba muchos pataleos de víctima invocando los derechos humanos y la democracia, Washington accedería, para poder ocuparse de su obtusa discusión sobre la reforma de salud. Eso fue exactamente lo que sucedió. Washington aplicó sanciones al gobierno de facto de Micheletti y le pidió a Zelaya discretamente: por favor, no comience una guerra. Pero una guerra es exactamente lo que Zelaya quiere comenzar. Él sabe que sus oportunidades de recuperar el poder democráticamente son nulas. Así que regresa a Honduras para comenzar una guerra -lo dice abiertamente. Entretanto, Obama está pensando en la reforma de salud, y sólo podemos imaginar qué está pensando Chávez. Manténganse en sintonía.
michaelrowan22@gmail.com
Traducción. José Peralta
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