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El gato miope

¡Hasta los gatos tenemos derecho a la libertad de elegir y ver!

LUIS JOSÉ UZCÁTEGUI |  EL UNIVERSAL
jueves 6 de agosto de 2009  12:00 AM

Esta vieja anécdota cuenta la tragedia de un gato y su dueño trastornado por la gula de poder y la envidia al observar el disfrute del felino echado plácidamente en el césped viendo los colores de la tierra& Por eso, un día decidió quitarle su visión arrojándole ácido a los ojos. El gato a través de los vínculos con los hombres, se había convertido en un ser sociable, y ahora no podía sentir el futuro, ni la realidad ni los afectos. Escasamente tenía visión para percibir la cercanía. Podía solamente distinguir lo que su dueño quería.

El drama del gato era atroz. A través de la mano de ese hombre que en tiempos pretéritos se hacía llamar amigo, por el efecto de sus propias torpezas se le activó la parte primitiva de la mente y le brotó la idea morbosa de que su gato no debía ver las rosas, ni los pequeños insectos que le servían de alimento ni mucho menos el rostro de otros humanos buenos y creativos.

La luz que brillaba para todos los de su familia felina, para él estaba sometida a control. También pretendía negarle ver los fulgores que se forman en la naturaleza bajo el contubernio prodigioso de las gotas de rocío con el sol del amanecer y la distancia. Este triste felino no tenía libertad para pintar dentro de su cerebro el mundo a su autónomo entender y sentir. Los colores que siempre han sido el desafío que se encuentra implícito en las formas inteligentes, se convirtieron en un conflicto entre la libertad y la salvajada autocrática. El gato escasamente podía ver los tonos sordos y apagados a donde vuelca la realidad cuando es forzada a interpretarse a través de la mente de otros

El gato era un pequeño ser vivo que había perdido el derecho a ver la luz en todos sus matices. Vivía una dictadura existencial en la cual hasta el genial ermitaño de Macuto, Armando Reverón, nunca hubiese podido captar la luminosidad del trópico que el pintor libremente trasmutó en sus lienzos mágicos. Una tarde el cerebro de este felino tuvo un destello de humanidad y pensó: "no dejarme ver lo que yo quiero, es ir contra mi naturaleza. ¡Hasta los gatos tenemos derecho a la libertad de elegir y ver!".

También pudo imaginarse figuras humanas con cerebros coloreados de ocre, negros y rojos además de neuronas de pensantes que se habían convertido en neuronas gatunas. Entonces entendió al hombre. Lo entendió en sus miserias.

emocion@cantv.net



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