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La habilitante-constituyente y la nave de los locos
EMILIO J. URBINA MENDOZA |  EL UNIVERSAL
martes 4 de agosto de 2009  05:08 PM

Cuenta Michael Foucault en su "Historia de la locura en la época clásica" (1967), que eran ciertas las historias noveladas en la obra de Sebastián Brandt, mejor conocida como la "Nave de los locos" (Stultifera navis o Narrenschiff). En este último escrito, se cuenta los relatos sobre la cotidianidad de aquellas embarcaciones que plagaron el Rhin con su inusual carga de insanos mentales con rumbo hacia el paraíso de la locura. Eran navíos oscuros, plenos de desmemoriados de toda índole y diferentes formas con un destino común, llegar al país imaginario de los locos, que en el siglo XV, fue bautizado como "Locagonia". Del texto no resalta tanto su pulido esmero en presentarlo (octosílabos pareados), ni mucho menos la rica imaginación para concebir los 111 personajes que protagonizan el periplo lacustre. Tampoco nos llama la atención la polémica suscitada durante el siglo XVIII sobre la capacidad de Brandt para escribir una proeza de la literatura sajona. Nos interesa por el vuelco en que ha tomado la situación actual de Venezuela, ahora, enmarcada hacia un destino ya transitado como es la iniciativa de una nueva constituyente y una habilitante para acelerar la revolución bolivariana.

De manera sorpresiva, el sábado pasado, cuando los altos jerarcas del Estado conmemoraban la primera década de haberse instalado aquella constituyente de 1999, el señor Presidente lanzó un llamado para retornar al "calor" del poder constituyente originario que reside en el pueblo. Habló despectivamente de la "frialdad" de lo que se llama "institucionalidad". Nos desequilibró con sus propuestas de erradicar toda la legislación supuestamente burguesa, alienante y toda esa jerga marxista trasnochada que nos devuelve a los años duros del comunismo soviético. Nos sorprendió el regaño a sus cercanos colaboradores, por materias como el abastecimiento de azúcar, la inseguridad y la caída en los servicios de la Misión Barrio Adentro. En fin, nos embarcó igualito como si nos arriara hacia una nueva Nave de locos, a todos aquellos que de alguna u otra forma debemos estudiar progresivamente la Teoría del Derecho. Debo confesar que ante el asalto de emotividad que arrastró al Presidente su gesto de memoria ante la década rojita, un temible escalofrío nos encogió de hombros, no tanto porque nos identificamos con el liberalismo económico y sus postulados, sino, por la incapacidad presidencial en atender los problemas reales de la gente y las bases de la gobernabilidad para una nación en la deriva.

En buena medida podemos entender como plausible -y quizá razonable dentro de esa misma lógica burguesa que él denuncia- que requiera la legislación vigente una revisión a la luz de los postulados constitucionales de 1999. De eso no existe duda alguna. Todavía existen lugares dentro del amplio espectro legislativo que requiere la atención del Parlamento nacional. Un ejemplo palpable resulta la esfera urbanística. Sin embargo, más allá de un revisionismo extremo, lo que necesita la sociedad venezolana es un gobierno que ejerza todas sus facultades constitucionales para arbitrar y administrar los conflictos y recursos. Llamar en este momento a una Asamblea Constituyente o la confección de una nueva Ley Habilitante, es sencillamente meternos a todos es una "Nave de locos", con destino a ese país de la locura chavista. Qui habet aures audiendi audiat.

Profesor de la Universidad Católica Andrés Bello
eurbina2000@hotmail.com



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