Los deberes morales del hombre y del ciudadano se desdibujan en estos tiempos de crisis
Las buenas costumbres son resultado de un largo proceso de mejoramiento social y cultural. Naturalmente, cada región tendrá particularidades y habrá razones históricas y tradiciones que justifiquen actitudes y comportamientos.
Así las cosas, encontraremos buenas costumbres en comunidades menos favorecidas por la riqueza material o algunas que conservan credos y desdoblan conductas ancestrales que, a simple vista, pudieran parecernos primitivas. Lo importante es plantear las relaciones humanas en términos que aseguren sana convivencia y buena educación reflejada en todas las facetas de la vida, tanto como valores compartidos por el universo social. Y ello porque como suele admitirse sin reparos, sin el conocimiento y la práctica de normas que la moral prescribe, no puede haber paz ni felicidad entre los hombres.
La buena educación es igualmente consecuencia de un entorno social propicio a las sanas costumbres, a la decencia y moderación que caracterizan al hombre civilizado.
No sólo la educación en el seno de la familia y en las primeras letras, sino el ejemplo que proviene de quienes ejercen la función pública, tendrán su influjo en el comportamiento de los ciudadanos.
Verdadero Magistrado
Los buenos modales y el lenguaje recatado, aunados a la sobriedad, templanza, discreción y prudencia en el obrar, resaltarán la dignidad de un verdadero Magistrado. Un Magistrado que por antonomasia debe ser tolerante y comprensivo ante las humanas diferencias que entraña la vida en sociedad.
La urbanidad -nos dice el Manual de Carreño-, es virtud o expresión de virtud; reflejo exterior de realidades interiores, intención genuina de integrarse afirmativamente en la vida ciudadana, convertida en hechos que van mucho más allá de las meras palabras. Algo que en Venezuela se viene perdiendo al compás de los malos ejemplos, de los abusos y desplantes a la ética de la función pública y de la cómplice complacencia de unos cuantos validos de la riqueza fácil. Hasta los deberes morales del hombre y del ciudadano se desdibujan en estos tiempos de crisis.
Emerge pues el rostro deshumanizado de una sociedad que pierde la verdadera noción de obligaciones para con Dios y la Patria, para con nuestros semejantes y para con nosotros mismos.
Y lo peor de todo es que las escuálidas expresiones de conciencia social, amenazan caer en una suerte de resignación impotente, como diría Pocaterra de aquella Venezuela de la decadencia, que creímos superada.
vcbl@cantv.net
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