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La radio no es comunitaria

Las emisoras no responden a la necesidad del público sino del Gobierno

Ni la Cámara Venezolana de la Radiodifusión ni Conatel manejan cifras exactas acerca de cuántas emisoras comunitarias existen en el país (Oswer Díaz)
DANIEL UZCÁTEGUI , SONIBERTH JIMÉNEZ |  EL UNIVERSAL
domingo 26 de julio de 2009  12:00 AM

Nadie. Ni siquiera el presidente de la Cámara Venezolana de la Radiodifusión, Nelson Belfort, sabe cuántas emisoras comunitarias funcionan con exactitud en la actualidad. Tampoco la Comisión Nacional de Telecomunicaciones (Conatel) maneja una cifra real, aunque ha aclarado que el número ronda las 243.

"El registro no se tiene, pero según Conatel hay aproximadamente 243 emisoras ya habilitadas que funcionan legalmente, y más de 600 no habilitadas", asegura el secretario de organización de la Red Venezolana de Medios Comunitarios, Luis Peña, quien agrega que de esas 600 algunas están operando y otras no. "No sabemos cuántas, pero muchas están violando la ley y están expuestas a que Conatel no las habilite por incurrir en piratería", advierte.

Otro muy distinto es el número que arrojan comunicólogos y expertos cuando se les pregunta cuántas emisoras comunitarias operan en Venezuela. Su respuesta es dramática: ninguna. ¿La razón? Según ellos ninguna cumple realmente con los preceptos de lo que debería ser una radio comunitaria.

¿Alguien sabe lo que es? "Una radio comunitaria parte del principio de la libertad y la participación", dice Luis Peña. "Pero no hay un concepto específico". A siete años de su legitimación, apenas ahora se está trabajando en una ley para medios comunitarios. "Estamos a la víspera de organizar y definir el articulado que sirva de anteproyecto para introducirlo en la Asamblea. Ahí se definirá un concepto específico de lo que es el medio comunitario", dice.

El concepto de la radio comunitaria no es nuevo en Venezuela. Es lo que dice Oscar Lucien, miembro del Instituto Nacional de Investigaciones de la Comunicación (Ininco), para quien ya en la década de los ochenta se hablaba de la posibilidad de crear una radio producida por y para los habitantes de Caricuao. "En ese momento no había la posibilidad técnica, es verdad, pero existía el proyecto", agrega.

Es con la Ley de Responsabilidad Social de Radio y Televisión, en el año 2002, cuando se le da carácter formal al trabajo de las emisoras comunitarias.

El Reglamento de Radiodifusión Sonora Comunitaria, que data de ese mismo año, tampoco precisa lo que debería ser una radio comunitaria. O al menos en la teoría. "Es un servicio de radiocomunicación que permite la difusión de información de audio destinada a ser recibida por el público en general, como medio para lograr la comunicación libre y plural de los individuos y las comunidades organizadas en su ámbito respectivo", reza la Gaceta Oficial No 37.359 del 8 de enero de 2002.

Para el comunicólogo Oscar Lucien el concepto de radio y de televisión comunitaria tiene que ver más con una comunicación de proximidad, relacionada con el interés de las comunidades. "Es crear una posibilidad de que las comunidades tengan un espacio para la tramitación de sus asuntos más directos", explica él refiriéndose a que los hacedores de la radio comunitaria podrían valerse de las ondas hertzianas para dar a conocer proyectos culturales de la comunidad, así como solucionar problemas que aquejan a los habitantes de la zona donde está establecida.

"Se trata de una aspiración legítima de las comunidades", agrega Lucien, quien sin embargo mete su dedo en la llaga: "El problema es que se han convertido en un sistema de propaganda del Gobierno".

Según el comunicólogo las radios comunitarias no se han adjudicado para democratizar el espacio radioeléctrico, sino para ser usados como sistema de propaganda política y difundir un solo tipo de pensamiento. "Tanto es así que en muchos casos se anuncia que el programa Aló Presidente lo van a transmitir en VTV, Vive TV, ANTV, en todos los canales oficiales y además en las radios comunitarias. Pero eso no debería suceder, porque un programa de ese tipo no entraría en la clasificación de interés específico de la comunidad", denuncia.

Política hertziana Un arma política. Es como prefiere llamar entonces el investigador de la comunicación a las radios comunitarias. Y lo que sucedió con el canal de televisión RCTV es, para él, un antecedente directo de lo que está ocurriendo con las emisoras de radio. "En el Gobierno utilizan unos conceptos que son válidos pero les quita el sentido natural y se desnaturalizan. Igual que la razón por la cual se cierra Radio Caracas TV. Dijeron que era para cumplir un mandato constitucional, para cumplir con un servicio de televisión público, pero fue una argucia para cerrar un canal", añade Lucien.

Y ello a pesar de que la gran diferencia, más allá de lo técnico, explica Nelson Belfort, entre una emisora privada comercial y una comunitaria es que las comunitarias no pagan impuestos, no deberían pasar propaganda política ni religiosa y tampoco pueden ser manejadas por el Gobierno, pues su único objetivo es servir a la comunidad. "Podrá haber emisoras de corte político o religioso, pero entonces serían privadas", dice el experto.

Sin control El asunto parece ser más grave aún si se da una ojeada a las estadísticas que maneja la Agencia Bolivariana de Noticias y se comprueba cómo se han ido multiplicando sin control: si en 2007 existían 266 emisoras comunitarias, dos años más tarde se registran 400, entre legales y piratas.

Y ello a pesar de que para acceder a una frecuencia en el espectro radioeléctrico hay que cumplir con una serie de requisitos contenidos en el artículo 5 del Reglamento de Habilitaciones para Emisoras Comunitarias: introducir el proyecto en Conatel, que más tarde presentará al ministro de Infraestructura un informe con la identificación del solicitante, el carácter con el que actúa, la disponibilidad o no de espectro radioeléctrico, la viabilidad técnica de la utilización del espectro disponible, así como la habilitación de radiodifusión sonora y los requisitos legales, económicos y técnicos del proyecto. Nada sencillo, pues.

Para el presidente de la Cámara Venezolana de la Radiodifusión, Nelson Belfort, el problema no es precisamente las radios comunitarias sino con las piratas. "Nosotros no tenemos ningún problema con las emisoras comunitarias que están permisadas y que cumplen con la Ley Resorte y su reglamento. En cambio, una emisora pirata no tiene permiso ni una reserva de frecuencia para operar y desde dos puntos de vista el técnico afecta el funcionamiento de emisoras que están permisadas".

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