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Tiempo de palabra

Washington asume el papel de mansa paloma, Chávez no oculta su injerencia en Honduras

CARLOS BLANCO |  EL UNIVERSAL
domingo 19 de julio de 2009  12:00 AM

Entre Honduras y Curiepe

Chávez se ha convertido en el principal factor para otorgar legitimidad al derrocamiento de Zelaya. Cada vez que amenaza con intervenir más de lo que lo ha hecho en Honduras, añade simpatías a Micheletti. Mientras la Casa Blanca asume el papel de mansa paloma y se mueve de puntillas, Chávez no oculta ninguna de las extremidades hundidas en Honduras. Ahora el rostro del intervencionismo no es Washington sino Caracas; al prestidigitador barinés se le comienzan a ver el pelaje, los gestos y los gruñidos clásicos de los gorilas. Si se dejan de oír sus juramentos en el Aventino y sus raros delirios sobre el Chimborazo, lo que queda son los tics de los salvadores de la patria, más de la estirpe de los generales golpistas de la historia latinoamericana que de los próceres civiles que los combatieron.

El Golpe se disuelve
La presencia del régimen venezolano es tan fuerte en la crisis hondureña que, como reacción, una cierta dosis de estabilidad (aunque sea ilusoria y breve) parece acompañar a las nuevas autoridades, salvo por la insurrección bombástica a la que ha llamado el ex presidente. Lo más significativo es que la idea de golpe clásico se ha comenzado a disolver en la opinión internacional y una cierta comprensión se inicia alrededor de las motivaciones de las instituciones que sacaron en pijamas a Zelaya.


Este proceso va a tener muy importantes implicaciones en América Latina, a pesar de que los organismos internacionales sigan en el intento de hacer retornar a Zelaya a su cargo presidencial, lo cual tal vez podrían lograr.

El alto perfil de la intervención chavista progresivamente vuelve comprensible, para muchos, aceptable, para algunos, y deseable para otros, la expulsión de un presidente electo que viole la Constitución política de su país. Se vuelve a aquella tesis debatida en Venezuela según la cual un mandatario con legitimidad de origen puede perder ésta en el ejercicio del poder.

No es la primera vez que ocurre en la región, pero sí es la primera vez que la comunidad internacional se alinea de manera tan homogénea en contra de la deposición de un presidente; aunque hay grupos sociales y políticos que se han vuelto "comprensivos", por no decir indulgentes con la forma de eyectar a Zelaya.

El Extraño Caso Venezolano
En Venezuela ha ocurrido algo que debería estudiarse con más profundidad. La mayoría de los partidos y de los dirigentes de oposición salió a condenar "el golpe" en Honduras; mientras que se puede constatar que una vasta simpatía hacia ese acontecimiento recorrió las filas de la disidencia de a pie. Se aprecia una disonancia entre la opinión de arriba y la de abajo.

Ninguna de esas dos reacciones se refiere, en realidad, a Honduras sino a Venezuela. El síndrome de la culpabilidad se ha apoderado de una parte significativa de la dirección opositora que se siente compelida con frecuencia a aclarar que no es golpista, como respuesta al discurso oficial que la acusa y la mantiene prisionera de la racionalidad chavista. Los verdaderos golpistas, los del Gobierno, acusan a sus opositores de tales; inexplicable chantaje que provoca aquellas aclaratorias compulsivas. En el fondo es que no se han revelado, analizado ni digerido, los entretelones de la breve huida de Chávez en abril de 2002. Así como el Gobierno vive obsesionado porque un día le volverá a llegar una manifestación a Miraflores para sacar a Chávez del poder; así viven obsesionados muchos dirigentes opositores en dar pruebas de profilaxis antigolpista.

En la calle, sin embargo, pareciera que las opiniones son otras, y se muestran partidarias de una solución hondureña al autoritarismo rampante e incontenible del Gobierno. Hay quienes critican tal posición y la consideran producto de una derechización de sectores ciudadanos, deseosos de soluciones a punta de pistola; deslizamiento que, sin duda, se ha producido en ciertos casos. Sin embargo, hay niveles de la sociedad que no se han derechizado, pero han llegado a la convicción de que Chávez no podrá ser reemplazado en ningún caso a través de elecciones, porque éstas no son ni han sido libres y limpias, y que cuando de todas maneras las pierda el Gobierno, desconocerá a los funcionarios electos, como ha ocurrido con los gobernadores y alcaldes electos en noviembre de 2008.

El proceso hondureño, discutido en clave venezolana, es lo que se mueve en el debate que tiene lugar en América Latina, invadida por la bacteria redentora con la que el bolivarianismo la ha infectado.

¿Cómo se detiene esto?
La atiplada y brutal expresión de Rafael Ramírez, el capataz de Pdvsa, según la cual no es admisible que en la industria existan trabajadores que no sean chavistas y menos que tengan posiciones en la dirección sindical, es clave en la comprensión del grado de bestialidad del régimen. La lista de Tascón, como mecanismo de exclusión, fue tan condenada socialmente que Chávez tuvo que hacer un giro demagógico después de haberla empleado hasta la saciedad, y llamó a enterrarla. Mostraba, entonces, un resto de pudor. Lo que este miserable de Ramírez ha hecho es exhibir que ya el pudor ni siquiera importa; la hoja de parra ha sido desechada y sin la menor turbación las hetairas andan mostrando sus partes, rojitas como las de los mandriles, y putrefactas como la de los fascistas.

Es muy difícil convencer a un trabajador disidente del chavismo o a un obrero de Guayana de que llegará un momento cuando Chávez, derrotado en unas elecciones libres y limpias, abandonará el poder para regresar a sus viejas experticias en la cantina apureña o en las caimaneras barinesas. Es lo que ha pasado en Curiepe: ante la ausencia de ley, el hecho puro, fáctico, de la fuerza; si la GN la emplea, los ciudadanos también.

Es la misma tragedia que tiene lugar con la ofensiva contra los medios de comunicación privados. No es que en algún momento futuro van a ser tomados por el Gobierno; la cuestión es que ya mismo, con los solos anuncios hechos, han sido desestabilizados internamente. Con directivos, dueños, periodistas y trabajadores en general envueltos en una larga e incierta despedida.

El resultado de esta situación es que la Venezuela democrática está sometida a una ofensiva implacable, sin que una contienda electoral limpia parezca posible, y sin que una salida hondureña parezca deseable o viable, sea porque se la repute de golpe de Estado, sea por la dificultad de tener enfrente a la comunidad internacional aunque, al final y como Dios, ésta aprieta pero no ahorca. Más bien suena como si la salida tendrá sabor local, sabor a Curiepe.

De todos modos, subsisten las preguntas: ¿Será que el régimen de Chávez se estabilizó y se vacunó contra cualquier trastabilleo? ¿O será que la vorágine represiva indica que se incendió la pradera, pero el viento cambió de dirección, y le comenzó a quemar el trasero a los paladines rojos? ¿Será Curiepe un signo de los cielos o un fuego fatuo?

www.tiempodepalabra.com



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