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Sin paz no hay paraíso

Las acciones de Zelaya configuraban un golpe a la institucionalidad democrática

SOLEDAD MORILLO BELLOSO |  EL UNIVERSAL
viernes 17 de julio de 2009  12:00 AM

Zelaya es un zagaletón. Desacató sentencias de los juzgados y fallos de la Corte Suprema; dio al comandante de las FFAA órdenes inconstitucionales; incumplió acuerdos legales en materia administrativa; no presentó el presupuesto nacional al Congreso; no rendía cuentas de los fondos del Estado. Se sabe de movimientos dudosos en las cuentas del Estado. El Ministerio Público presentó requerimiento contra el ex ministro de la Presidencia, Enrique Flores, por abuso de autoridad, malversación de caudales públicos, tráfico de influencias y retirar del Banco Central 40 millones de lempiras. La Fiscalía Contra la Corrupción explicó que para retirar tal dinero hay un estricto procedimiento. El funcionario hizo el retiro a petición propia, violando la regulación. Los 40 millones fueron entregados a Flores en efectivo el 26 de junio, dos días antes de destituirse a Zelaya. Se rumorea que se usó para costear las protestas a favor de Zelaya. Eso es un delito. Y a Zelaya y su equipo se le han descubierto muchos trajines.

En el Congreso, el partido de Zelaya tenía y tiene mayoría. En la Fiscalía, en el Ministerio Público, en la Corte Suprema y en el Tribunal Supremo Electoral cada partido tiene un voto (4 partidos con representación). El jefe del ejército fue nombrado por Zelaya. ¿En qué cabeza cabe que todos los poderes de un Estado regido por balance de poderes hayan estado equivocados al denunciar la violación de la Carta Magna que estaba perpetrando Zelaya? Sus acciones configuraban un golpe a la institucionalidad republicana democrática. Menos sentido tiene suponer que estén equivocados todos los partidos y todas las iglesias. Desde que comenzó la crisis, el Gobierno es civil; el poder no ha estado en los militares. El Congreso, haciendo uso de sus facultades, removió a Zelaya. Hoy los poderes del Estado están en sus espacios y concuerdan con las decisiones del Congreso. Muchos preguntan: ¿hubo golpe de Estado? Perdón, pero eso ya es debate bizantino. Zelaya, elegido democráticamente, violó la Constitución y las leyes, ignoró a los otros poderes y se sublevó. Fue depuesto de su cargo, con respeto a la Constitución vigente en Honduras. El sacarlo en ropa de dormir, montarlo en un avión y mandarlo a Costa Rica luce impresentable, pero, creo yo, de haberlo puesto preso en Honduras, lo que ocurrió el 5 de julio en Toncontín hubiera sido un "happening" comparado con la que se hubiera armado en Honduras de haberse procedido de otra forma. ¿Estuvo mal sacarlo así? Quizás sí. Pero hombres como Zelaya, Chávez, Ortega, Morales, Correa, y otros practican la democracia tumultuaria. No les importa el reguero de sangre. No creen en el republicanismo, la democracia y el pueblo. Los usan para apropiarse de los países e instaurar su cacicazgo del s. XXI.

A Zelaya lo vemos cual galán de otoño, peluqueado, con sombrero de machote, bigotes teñidos y luciendo trajes de firma. Su discurso humildito disfraza su catálogo de arrogancia. Que alguien quiera venderlo como un Gandhi, eso sí es impresentable. Salomón no construyó con sordera. Hay que cesar la diplomacia de micrófono y desarrollar agendas expertas en resolución de conflictos. Se trata de gobernabilidad democrática. En política no hay vacíos. La solución apareció por los costados, con la mediación de Arias, presidente de Costa Rica, con la bendición de EEUU y la UE y un aterrado asentir de la OEA. Arias es cauteloso, nunca cáustico. Que la OEA e Insulza guarden el silencio de los ignorantes y dejen que los mediadores trabajen. Algunos torpes tildan el diálogo de "aborto", pero Arias sabrá crear un acuerdo satisfactorio. En ello es experto. Basta revisar el Acuerdo de Esquipulas para entender cuán difícil fue lograr un compromiso para la pacificación de Centroamérica, un subcontinente sumido en guerras, y cuya paz se alcanzó con la firma de ese acuerdo en agosto de 1987 por los entonces presidentes de Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua.

Anoréxica memoria revela Ortega con espelucamientos innecesarios como impedir que el avión de la comitiva Micheletti volara por espacio aéreo nicaragüense. O sus solapadas amenazas. Cualquier gesto bélico nicaragüense sería una violación al acuerdo de Esquipulas, del cual Nicaragua y el mismo Ortega son firmantes. El actual gobierno tiene ventajas: es gobierno; tiene el tiempo a su favor; no tiene que rendir cuentas a caciques; los candidatos no apoyan a Zelaya y nadie puede lanzarse como nuevo candidato. A Zelaya lo "mandonea" Chávez, y lo obliga a cometer errores. Los países del istmo saben que sin paz no hay paraíso. Así, sus gobiernos apoyarán los acuerdos. Que mucho hay en juego económica y políticamente. Chávez quedará chillando solo, en la oscuridad de su torpeza. Arias se da tiempo. Sin prisa y sin pausa. Ahora Zelaya lanza un ultimátum. Rebota en la soledad. Ya lo llaman "ex presidente".

smorillobelloso@gmail.com



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