Lo que le faltaba a Chávez para consagrarse como un dictador es el cierre masivo de medios
Quienes sólo vieron Telesur durante los primeros días de la crisis hondureña que alcanzó su clímax, cuando Manuel Zelaya intentaba infructuosamente llegar a Honduras en un avión de Pdvsa pilotado por militares venezolanos con el fin de recuperar la presidencia, quizá fueron convencidos de que el Presidente depuesto nunca había violado la Constitución, que era aclamado por cientos de miles de hondureños apostados en las afueras del aeropuerto (no pasaban de mil, bastante desperdigados) que según la belicista narradora de Telesur estaban siendo masacrados por los golpistas que disparaban con sus fusiles (lo que veíamos era el humo de las bombas lacrimógenas lanzadas contra quienes rompían la cerca perimetral del aeropuerto, no sabemos si con gas "del bueno" como el que ordena lanzar Chávez a los indefensos estudiantes venezolanos). Bajo la óptica de la narradora con acento cubano estábamos ante unos gorilas sanguinarios, mientras las cámaras nos mostraban a los militares recibiendo pedradas y golpes de los enfurecidos manifestantes. Si algún amoscado televidente cambiaba para CNN, podía comprobar que las tomas en tiempo real transmitidas por ese canal eran muy distintas a la virulencia mostrada en la pantalla de Telesur, donde los "buenos" gritaban consignas revolucionarias, daban vivas a Zelaya y a Chávez, portaban franelas rojas (¡qué casualidad!) con el letrero de "Gorileti" y la fotografía del Presidente interino con cuernos satánicos. Telesur operaba con varias cámaras permitidas por el régimen "de facto". En los organismos oficiales venezolanos no se le permite ni una sola cámara a Globovisión.
El estilo panfletario de Telesur y el escatológico de la nocturnidad de VTV es el modelo mediático único que Chávez quiere instaurar en Venezuela. Que no haya medio que él no controle y que no haya comunicador independiente que no esté amenazado por la guillotina de la inminente ley de "delitos mediáticos" que llevará la Fiscal a la AN. La misma Fiscal que ni pestañea ante la impunidad reinante en el 98% de los delitos que ocurren en Venezuela; que no ha dicho ni pío sobre las documentadas denuncias de corrupción de dos connotados capitostes del régimen; la misma que no investiga los numerosos casos de corrupción de Pdvsa. O las graves irregularidades en Mercal, el IVSS y en Barrio Adentro (adjudicaciones directas sin justificación alegando el cuento de la emergencia) a cuyos titulares el Contralor no inhabilita como hizo con Leopoldo López o Enrique Mendoza.
Con la confiscación de cerca de 300 emisoras privadas de radio en el país, la desaparición de los circuitos que llevan periodismo de investigación a los rincones más apartados de Venezuela; con las amenazas de cierre de Globovisión y la aprobación de leyes punitivas que prohibirán denunciar las tropelías del régimen, Chávez seguirá regalando el patrimonio nacional a compinches como Fidel, Zelaya, Correa, Evo y Ortega. No habrá medios a través de los cuales los médicos venezolanos protesten la donación de 170 ambulancias a Bolivia, mientras que carecen de ellas nuestros hospitales, y los bomberos metropolitanos no tienen ambulancias ni cisternas e intentan apagar el fuego con tobos. Los venezolanos no sabremos que el avión utilizado por Zelaya para el intento de ingresar a Honduras, pertenece a Citgo y que cada hora de vuelo le salió a Pdvsa por 250 mil dólares, mientras los neonatos venezolanos se mueren de mengua en la Maternidad. Mientras Cadivi niega divisas para rubros esenciales, no podremos preguntarnos cuánto dilapidó Chávez en adquirir el sofisticado sistema utilizado en la operación ALBA a través del cual se produjeron las conversaciones entre Zelaya desde el aire en el avión de Pdvsa; Daniel Ortega desde Managua, Fidel desde Cuba; Chávez desde Caracas y Ciudad Bolívar; activistas políticos y periodistas de Telesur desde Tegucigalpa.
Lo que le faltaba a Chávez para consagrarse mundialmente como un dictador es el cierre masivo de medios democráticos anunciado por Diosdado Cabello. A partir de ahora serán delitos mediáticos la transmisión de las protestas laborales, de los crímenes de fin de semana, de la corrupción, referirse al prontuario de algunos próceres de la revolución; decir que no hay azúcar, arroz ni café o que el desempleo supera el 10%. A partir del momento en que enmudezcan los medios críticos e independientes, la Usurpadora podrá dilapidar los recursos de los trabajadores de la Alcaldía Metropolitana sin que el pueblo se entere de la huelga de hambre de Antonio Ledezma. "Se puede ser un líder fuerte sin silenciar a los críticos" dijo HiIlary Clinton a Leopoldo Castillo, a propósito de Chávez. Se equivocó Hillary. Aquí no tenemos un líder fuerte, sino un militar golpista que dispone de la brutalidad de las armas y del silencio provisional de los corderos.
mcolomina@gmail.com
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