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Marcos R. Carrillo P. // La OEA, Venezuela y Honduras

No deja de sorprender la severidad con la que la OEA ha tratado la coyuntura de Honduras y la lenidad con la que se ha abordado el tema de la falta de democracia en Venezuela. La complejidad del asunto hondureño y la urgencia del venezolano ameritan respuestas más cónsonas con la naturaleza del organismo, pues no sólo está en juego la esencia misma de la democracia sino el destino de las democracias latinoamericanas. Se ha pretendido dar la impresión de que se ha actuado con celeridad y firmeza, cuando la verdad es que la ligereza y el desinterés con el que Insulza, a la cabeza de la OEA, procedió ante la posibilidad de que Zelaya vulnerara la Constitución y ante los constantes atropellos al Estado de Derecho por parte de Chávez son, sin duda, causas fundamentales de lo que hoy se vive en estos países.

Pero el rol del secretario general de la Organización ha agravado la situación. En efecto, en lugar del papel conciliador y promotor del diálogo que le correspondía en el caso centroamericano, se cuadró de entrada con la radical posición esgrimida por Chávez y secundada por los "castrati" del ALBA. Este error es mucho más grave de lo que a primera vista podría observarse, pues lo alejó de la orden que tiene la OEA de "fortalecer la cooperación mutua en torno a los valores de la democracia, defender los intereses comunes y debatir los grandes temas de la región y el mundo", dado que los países del ALBA, encabezados por Venezuela, han mantenido una cuestionable posición hacia los valores democráticos.

El ejemplo de la indiferencia con la que Insulza ha abordado el dramático caso del alcalde Ledezma y de las demás autoridades de oposición electas en Venezuela, da cuenta del desinterés demostrado por el pérfido secretario general en cumplir el papel que le corresponde en la Organización.

Lo que está en juego en los casos de Venezuela y Honduras no es una discusión arcaica y maniquea sobre derechas o izquierdas, sino una crucial lucha entre un grupo de gobiernos de corte totalitario, que han descubierto la fisura que les permite una falsa legitimidad en el contexto democrático, por un lado, y por otro, las sociedades abiertas y principistas que defienden la libertad y se oponen a la utilización de las ventajas de la democracia para beneficio de quienes detentan el poder político. Mientras Insulza no comprenda esto, seguirá prolongándose y profundizándose la inestabilidad en el continente y seguirán apareciendo bateadores emergentes para enmendar sus entuertos, tal y como ha sucedido con la oportuna intervención del presidente Oscar Arias. ¡Qué pena con ese señor!

mrcarrillop@gmail.com



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