CARACAS, domingo 28 de junio, 2009 | Actualizado hace
El alcalde Rosales considera que su prisión hubiese sido "una victoria para el autoritarismo y permanecer atado de manos un grave error" (Rolli Reina)
Desde el Perú, Manuel Rosales dice que no se siente en el exilio y mantiene una vida activa y plena de ocupaciones: "atiendo decenas de llamadas diarias, correos y visitas de todas partes del mundo. Estoy atento de lo que ocurre en Venezuela y mi ritmo de trabajo no ha disminuido, sólo que he cambiado de metodología y he ampliado mucho más mi campo de estudio".
Cuenta que ahora se ocupa con más detenimiento de la agenda internacional y ha logrado continuar sus contactos con muchos de sus seguidores gracias a los infocentros que inauguró en muchas barriadas del Zulia: "Desde ahí muchas comunidades y yo interactuamos permanentemente. Es bonito y no dejo de agradecerles que siempre me tengan en sus mentes, así como yo los tengo en la mía. De manera que a pesar de la distancia permanezco en el país y estoy seguro de que volveré".
-Sin embargo, ¿no cree, a estas alturas, que su exilio en el Perú fue un error que lo sacó del juego político?
-No fue un error, ni me sacó del juego político. Error habría sido complacer a los temerosos del pluralismo, quienes en noviembre del 2008 manifestaron que me tenían una celda lista en el Retén de La Planta. Responsables por la muerte de cincuenta personas el 4 de febrero y más de 200 el 27 de noviembre de 1992, no guardan hacia mí buenos sentimientos sobre lo que tiene que ver con el respeto por la vida. El odio que les invadió cuando una vez más perdieron el estado Zulia fue demasiado evidente y en la alianza democrática hubo un debate interno al constatar que las amenazas en mi contra adquirían ribetes criminales. Entonces estuve de acuerdo en resguardarme y evaluar el curso del juicio. Ya vimos que me querían sentenciar sin pruebas. Gracias a gente del propio oficialismo accedimos a la sentencia donde establecían mi reclusión en La Planta. Teníamos, además, como ejemplo, la experiencia de los comisarios Vivas, Forero y Simonovis, a quienes, siendo inocentes y sin haberles comprobado nada, les clavaron treinta años de prisión. Lo mismo ocurre con el comisario Sánchez, quien lleva dos años en prisión sin ninguna prueba.
La forma de perseguir y liquidar a la disidencia se ha ido sofisticando y el paredón es hoy la justicia manipulada y una celda sucia y oscura. Violan la ley, construyen expedientes, utilizan el poder del Estado para abrir fuego y lanzar denuncias falsas que dan motivo a investigaciones trucadas para intimidar o meter en la prisión a quien difiera de sus ideas. Así intentan mantener en vilo a quienes tienen juicios abiertos, pero eso no lo lograrán conmigo.
-¿No son, a veces, necesarios sacrificios como la cárcel para recuperar la democracia?
-Demócrata no se le entrega a dictador. Nada haría metido en la cárcel de La Planta, incomunicado, humillado y silenciado. Sería un trofeo para mostrarlo como ejemplo de castigo a quien piense como demócrata y reclame la verdadera justicia social. Medité mucho y escuché la voz del pueblo. No podía arriar las banderas de la lucha, ni quebrantar la fe y mucho menos rendirme y declararme derrotado. Mi prisión sería una victoria para el autoritarismo y permanecer atado de manos un grave error.
-¿Acaso no fue el suyo el primer caso en el cual Chávez inició una ofensiva para liquidar políticamente a sus enemigos, a partir del 15 de febrero y concentrar tal cantidad de poder como nunca antes lo había hecho? ¿Si usted se hubiera quedado no habría evitado lo que está sucediendo?
-Durante los últimos diez años, a pesar de la asimetría en la lucha política, ha existido un equilibrio de fuerzas entre el gobierno y quienes hemos pensado distinto. Nosotros fuimos el rostro de la oposición que retomó el camino electoral y democrático, ganamos y perdimos, iniciamos el trayecto que conducirá a Venezuela por el camino del verdadero cambio y la justicia social y hemos impedido que se consume ese nefasto diseño castrocomunista. Nuestro avance ha generado la aplicación de la política de tierra arrasada contra quienes somos una alternativa electoral y en la medida en que hemos crecido ha venido incrementándose la política de persecución y atropello. Ahí están los ejemplos: miles de dirigentes en el exilio, presos o perseguidos, periodistas acosados, Radio Caracas TV cerrada y la agresión permanente contra Globovisión. Golpean indirectamente al canal y para tratar de darle jaque mate a los dueños arman expedientes falsos violando la propiedad privada. En ese juego diabólico supongo que un Manuel Rosales preso sería una pieza importante para la jauría.
-¿A estas alturas, cree posible la derrota electoral de Chávez?
-Según las encuestas más de 65% de los venezolanos desea un cambio. A este gobierno desgastado y señalado por el fracaso se le venció el plazo y este tiene una fecha: el 2012. Por otra parte, la gente ya siente que la división y la pelea política afectan su calidad de vida. El robo, el secuestro, el asesinato, el desempleo y el déficit habitacional están a la orden del día y los responsables de la conducción del país no hacen nada por remediar esa situación. Venezuela se prepara para un nuevo amanecer con la fuerza y la esperanza del pueblo.
-¿No son lícitas las formas de lucha distintas a las electorales y democráticas, tomando en cuenta que el país vive en una dictadura?
-No podemos retroceder y caer en trampas, hay que arreciar la lucha contra quienes le temen al pluralismo y a la alternabilidad. Existe un gran movimiento de ideas que se impondrán al final. Hay que crear un clima electoral que nos permita obtener una clamorosa victoria en las elecciones parlamentarias. Cuando se irrespeta la voluntad popular el pueblo pasa factura, si no, observe cómo corren las arrugas y tienen paralizados procesos electorales como el que debe celebrarse en Maracaibo. Le tienen terror a perder la Asamblea Nacional y ya veremos si se atreven a desconocer a un nuevo parlamento surgido de la voluntad popular.
-Sin embargo, la oposición luce tan débil que si Chávez cae no será por su accionar, sino por la ineficiencia y el proceso de descomposición moral y política que vive el gobierno.
-La oposición está bien y cada día apunta más a la unidad. Es grande el esfuerzo en medio de tanto abuso y arbitrariedad. Hacer política en condiciones tan asimétricas no resulta fácil. Debemos seguir avanzando y lograr la concreción de partidos políticos democráticos, poderosos, solidarios y principistas, bajo la premisa del pensamiento diverso, porque no somos el chavismo, donde prevalece un pensamiento único y el acoso a la disidencia. En tiempos difíciles, cuando la patria llama a mantener con fuerza y valentía los principios de justicia, equidad y libertad, la confianza y la unión deben estar por encima del miedo y las pequeñas diferencias. Es tiempo de pensar en grande por la patria libre, justa y soberana.
-¿Quién cree que debe convertirse en el líder de ese proceso?
-Pensar así es creer en mesianismos, algo muy propio de la mentalidad comunista. Yo creo en el trabajo de equipo. Así vamos bien. El propio país sabe en quiénes confiar. La oposición tiene, cuando menos, veinte personajes con madera de líderes para el país, cosa que no ocurre en las filas del comunismo.
-¿No se quedó acéfalo un Nuevo Tiempo con su exilio?
-De ninguna manera, al contrario, el acoso a su líder despertó con mucha más intensidad la alegría de luchar. Ahora Un Nuevo Tiempo es la primera fuerza política en la mayoría de las universidades del país, comenzando por el Zulia, donde acaba de ganar Víctor Ruz.
-¿Que mensaje tiene para los cuatro millones de personas que votaron por usted en el 2006 y sus electores del Zulia?
-Que no los olvido, como tengo en mi recuerdo también a quienes no votaron por mí. A ellos, mi respeto y aprecio. Estoy listo y seguro que volveré a estrechar sus manos, porque la lucha por la libertad y la justicia social ha sido siempre nuestro objetivo. Desde este punto lejano de mi tierra, les reitero nuestro compromiso por nuestras raíces, por nuestra historia, por nuestro futuro y la consecución de una vida perfectible, con respeto a las ideas. Hoy más que nunca la patria nos necesita, ocupemos nuestros puestos con fuerza y resistencia civil y democrática. Es tiempo de fortalecer la fe y alzar la bandera hasta triunfar.
rgiusti@eluniversal.com
Roberto Giusti
EL UNIVERSAL
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