CARACAS, jueves 25 de junio, 2009 | Actualizado hace
El testarudo afán de Nelson Bocaranda por conseguir noticias en todas partes, sigue siendo hoy tan apasionado como lo fue en 1962, cuando comenzó a trabajar como periodista, la única profesión que ha ejercido. Ha hecho periodismo en prácticamente todas sus modalidades. Es una de las primeras figuras de la prensa en televisión. La radio no tiene secretos para él. Desde hace varios años su columna en El Universal es una de las más leídas en el país y por miles de venezolanos que moran fuera. Quizá sea el más global de nuestros periodistas. Durante estos casi cincuenta años, cuartilla a cuartilla, minuto a minuto, se ha ganado la credibilidad que las audiencias venezolanas le confieren. Lo dijo Bocaranda es una especie de ISO 9000 de la veracidad. Son muchas las razones que explican la confianza que se le tiene a su trabajo, pero hay tres en especial que estimamos indispensable subrayar en esta era de infamias. La primera, que hace público lo que ocurre, puesto que ese es el trabajo del periodista, y porque la gente quiere (y debe) saber lo que pasa. Sin embargo, hay algunos que desean que no se sepa lo que sucede, porque es inconveniente para ellos y sus oscuras andanzas. Para esos lo importante no es que haya delitos, lo que cuenta es que nadie se entere. La segunda (irritante para ciertos bocones desgañitados), es que Bocaranda no tiene miedo. No le tiene miedo a este gobierno, como tampoco lo tuvo a los anteriores, a pesar de que nunca como ahora se le había amenazado e intentado amedrentar como lo hacen los poderosos de turno. Anda solo por todas partes. Sus únicas armas son la palabra y la pluma, mientras que quienes lo amenazan escudan sus pavores detrás de círculos de guardaespaldas artillados, y de largas filas de camionetotas blindadas y sin placas. La tercera, porque profesa con rigor la clave del periodismo de todos los tiempos: su apego al secreto de la fuente, el código inviolable. Gente de todas partes (igual que ayer), hoy le confía sus angustias, le pasa datos, le da informaciones que Bocaranda analiza y somete al ácido de la verificación, antes de convertirlos en noticia. Al igual que ocurre en otros regímenes autoritarios, muchas de las noticias que Bocaranda divulga, y que tanto sulfuran a los jefazos de estos años, son probablemente filtradas por miembros del oficialismo, que, horrorizados por el fracaso del adefesio que llaman Socialismo del Siglo XXI, encuentran en su columna y en sus programas de noticias los medios que les permiten difundir las tropelías y los desafueros que presencian, de los cuales ya no quieren seguir siendo cómplices. La disidencia de ayer encontró en Bocaranda un medio para transmitir las que a su juicio eran situaciones y realidades indeseadas. Muchas de esas mismas voces, encumbradas hoy en la cúspide de las corruptelas, pretenden ahora silenciar a Nelson Bocaranda, el noticiero.
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