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Totalitarismo y libertades

Cualquier observador tendrá que vérselas con los desplantes de gobiernos totalitarios

VICENTE CARRILLO-BATALLA L. |  EL UNIVERSAL
martes 2 de junio de 2009  12:00 AM

Un régimen político que condiciona la libertad, donde el Estado ejerce dominio con mínimas restricciones, aquel que pretende ser dirigido por un partido político que tiende a confundirse con las instituciones públicas y que exalta la figura humana de algún aspirante a ejercer poder ilimitado y proyectado a todos los ámbitos de la vida en sociedad, no hay duda que se acerca a los modelos totalitarios que otrora y sin éxito quisieron fabricar un hombre nuevo, desprovisto de toda noción de derechos individuales y por tanto convertido en figura anónima de las masas en que quisieron desvirtuar las clases sociales.

Y también sucumbieron a excesos nacionalistas que incitaron la búsqueda del dominio global, como mecanismo defensivo o de afianzamiento del modelo.

Violencias revolucionarias El mito de la extrema izquierda, en términos de Raymond Aron, resultaba entonces tan poético como seductor, en la medida que inducía esa ilusión de armonía sucedánea de las violencias revolucionarias, transitorias en su esencia, indispensables, aún sublimes para los ideólogos y conductores del proceso de cambios. Así pues, el determinismo histórico aunado al mito revolucionario, llevaría inexorablemente al totalitarismo, al partido único y monopolio del Estado sobre los medios de persuasión y de coacción, al control de la economía en todas sus manifestaciones posibles y a la politización de toda actividad productiva, profesional, incluso intelectual.

Y no es que la derecha sea inmune a la tendencia totalitaria, antes bien, igual cae bajo las tentaciones del monopolio ideológico y del partido dominante que quiere hacerse dueño de la verdad absoluta.

Democracia formal Cualquier observador imparcial de la actual realidad sociopolítica latinoamericana, tendrá que vérselas con los desplantes de gobiernos aprendidos a desenvolverse en la democracia puramente formal, pero que en su esencia desdoblan los rasgos más punzantes del totalitarismo de antaño; y, al mismo tiempo, observará el avance de gobiernos mejor reputados y más exitosos, que mantienen el rumbo hacia una democracia esencial, donde el derecho natural y la dignidad de la persona humana, no podrían ser derogados por el derecho positivo que otorga el Estado bajo una visión sesgada y excluyente de la disidencia. Es decir, gobiernos que como nos dice el citado Aron, mantienen el corazón mismo de la aventura humana: la libertad de investigación, de controversia y de crítica, así como el voto libremente ejercido.

vcbl@cantv.net

 



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