CARACAS, domingo 26 de abril, 2009 | Actualizado hace
La cronista iniciaba el relato sobre la agenda de la destrucción
emprendida por Elías Jaua y sus secuaces del INTI, cuando
la televisión mostró a las puertas de la AN a numerosos
estudiantes con tapas de inodoros en abierto simbolismo del
lugar donde, a través de la Ley de Transferencia de Bienes
del Distrito Metropolitano, la rapiña oficial lanzó
los más de 700 mil votos que elegirían a un Alcalde
Mayor para que sí recogiese la basura, redujese la criminalidad
y trabajase a favor de los ciudadanos y no de la obsesión
por instaurar el modelo cubano y eternizarse en el poder como
Fidel. Este saqueo de los bienes metropolitanos es un adelanto
de la expoliación masiva de la que seremos víctimas
los venezolanos a través de la Ley de Propiedad Social
mediante la cual el Estado puede apropiarse de cualquier bien
privado que no represente "una actividad productiva satisfactoria".
(¿Habrá algo menos "satisfactorio" que el fracaso
y la corrupción de este gobierno?) Por si fuera poco
las exitosas orquestas sinfónicas juveniles pasarán
a manos de "las comunas" y de un solo plumazo el dedo barinés
ordenó la creación de cien fundaciones listas para
hacer desaparecer a las ONGs que velan por nuestros derechos
ciudadanos.
El ministro contra la propiedad de las tierras (experto en
lanzar molotovs en Las Tres Gracias valido de su camuflaje
con capucha) esta semana ha dado un fuerte impulso a la destrucción
de la agricultura venezolana con la "intervención" de
49 haciendas productivas en tres estados. Su afán depredador
se volcó en la centenaria Hacienda Santa Teresa,
en el estado Aragua, fundada en la primera mitad del siglo
XVIII. El 14 de marzo de 1818 el Libertador dicta su
célebre proclama ratificando la abolición de la
esclavitud desde la tierra de "Santa Teresa". A fines del
siglo XIX la hacienda pasa a ser propiedad de la familia Vollmer,
en cuyas manos ha seguido hasta ahora. El fundador de la familia,
Gustavo Julio Vollmer, casó con Francisca Ribas y Herrera,
sobrina del general en jefe José Félix Ribas, y
prima hermana de los Ustáriz Palacios, de los Ribas Palacios
y de Simón Bolívar Palacios, "el Libertador". Por
más de 200 años los Vollmer han cultivado la caña
de azúcar e innovado su producción. Desde 1955 la
vieja hacienda se transforma en una empresa moderna, productora
en la actualidad de azúcar y del extraordinario ron Santa
Teresa, orgullo de Venezuela y admirado mundialmente. La presente
generación de los Vollmer ha hecho prosperar la empresa
(Chávez alabó en Rusia el ron Santa Teresa que hoy
su gobierno pone en grave peligro) y ha puesto en marcha seis
proyectos de inversión comunitaria, entre ellos la admirable
iniciativa Alcatraz (2003). Al ser capturados quienes
atracaron al jefe de seguridad de la Santa Teresa, los Vollmer
les dieron la alternativa de elegir entre ir presos o pagar
su pena con trabajo no remunerado durante tres meses. Aceptaron
y poco después pidieron la incorporación del resto
de la banda. Hoy Alcatraz es una alternativa de reinserción
social de los jóvenes con problemas de conducta, que
deberían haber copiado las espantosas cárceles venezolanas.
Los Vollmer no han antagonizado al gobierno y han estado presentes
en Miraflores cuando Chávez invita a los empresarios
que él califica de "amigos".
Pero nada, ni nadie parecer escapar de la furia depredadora
del régimen dispuesto a cumplir la sentencia de Giordani
de que el "socialismo" ( o comunismo a la cubana) sólo
es posible con una pobreza generalizada. El 20 de abril el
INTI intervino un amplio sector de la Santa Teresa
porque "no reunía los requerimientos mínimos de
productividad". Y eso lo dicen quienes no han sido capaces
de producir un kilo de azúcar en los 10 años de
confiscaciones e invasiones. ¿Por qué el ministro
Jaua no publica la lista de latifundios intervenidos por el
MAT que se encuentran en plena producción, como preguntaba
esta semana Reporte de la Economía? La respuesta
huelga: no hay un solo fundo productivo. Jaua anuncia el traslado
"hacia estados vecinos" de los sembradíos de caña
de las haciendas Santa Teresa y El Palmar usados para fabricar
el ron y, en su lugar, plantar allí hortalizas, leguminosas
y tubérculos "con la participación de los comités
agrarios rojo-rojitos". Serán afectadas 50 mil hectáreas
en plena producción. La asociación de cañicultores
de Aragua y Carabobo califican la intervención de ilegal.
Más de 700 productores quedarán en la ruina.
La guadaña depredadora llega también hasta los
caballos de carrera. De todos, menos los costosos corceles
del hermanísimo de un ministro. Por ahora, claro está.
Porque de la agenda de la destrucción nadie se salva
mientras permanezcamos paralizados por el miedo y cobardemente
silenciosos. No se salva ni la familia de el Libertador
(como nos dijera un querido amigo de quien tomamos prestado
el título).
mcolomina@gmail.com
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