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El secuestro
RAFAEL DÍAZ CASANOVA |  EL UNIVERSAL
viernes 24 de abril de 2009  04:08 PM

El nunca suficientemente ponderado Diccionario de la Lengua Castellana producido por la Real Academia Española incluye cinco acepciones para el verbo secuestrar. Nos permitiremos copiar las dos primeras pues son las que nos interesan para el objetivo de estas líneas:

1. Retener indebidamente a una persona para exigir dinero por su rescate, o para otros fines.

2. Tomar por las armas el mando de un vehículo, ya sea un avión, un barco, etc., reteniendo a la tripulación y pasaje, a fin de exigir como rescate una suma de dinero o la concesión de ciertas reivindicaciones.

En el mundo se han sucedido secuestros notables. El 16 de julio de 1918 en Ekaretimburgo (Rusia) fueron secuestrados y asesinados el Zar Nicolás II y toda su familia. Este fue uno de los primeros pasos de la revolución comunista que gobernó a Rusia por los próximos ochenta y tantos años.

En mayo de 1932 Bruno Haupman secuestra a Charles Augustus Lindbergh. Fue condenado a la silla eléctrica.

El 18 de enero de 1972 ETA secuestra a Lorenzo Zabala por causas laborales en su empresa.
El 5 de septiembre de 1972 un comando terrorista árabe denominado Septiembre Negro, invade los apartamentos de la delegación de Israel, asesina y secuestra a varios atletas y tiñe de sangre la celebración de las Olimpíadas de Munich.

El 15 de julio de 1973 es secuestrado Paul Getty III, su multimillonario abuelo anuncia que no pagará nada por su rescate.

El 4 de febrero de 1974 el llamado Ejercito Simbiótico de Liberación secuestra a Patricia Hearst. A los cuatro meses ella se identifica con el ESL y adopta el nombre de Tania, la compañera del Che Guevara. El 18 de septiembre del año siguiente es apresada y condenada como culpable de horrendos crímenes. El presidente Carter la indulta.

El 16 de marzo de 1978 el político italiano Aldo Moro es secuestrado y dos meses más tarde aparece su cadáver. Al momento de su secuestro fueron asesinados cinco de sus guardaespaldas.
El 4 de noviembre de 1979 estudiantes islámicos respaldados por el ayatollah Jomeini, secuestran a 52 personas de la embajada de EEUU en Teherán. Año y dos meses más tarde fueron liberados.
Entre los terribles secuestros colectivos recordamos el sucedido en la embajada de la República Dominicana acreditada en Bogotá que se inició el 27 de febrero de 1980 y tuvo su desenlace el 25 de abril de ese mismo año; y el que se desarrolló en la embajada de Japón en Lima donde se retuvieron a más de ochocientas personas entre el 17 de diciembre de 1996 y el 22 de abril de 1997 con un desenlace transmitido por televisión a todo el globo terráqueo. Ahora encontramos los terribles secuestros de naves en las cercanías de Somalia. Tampoco podemos evadir el nombrar los casi mil secuestrados políticos que retienen las FARC.

En Venezuela, el primer secuestro de un personaje conocido fue el del magnífico futbolista Alfredo Di Stefano raptado por el FLN en un hotel de San Bernardino el 20 de agosto de 1963. El 28 de febrero de 1976 se sucedió el del industrial americano William Niehaus quien pertenecía a la dirección de la empresa norteamericana Owens-Illinois.

Aquí, en Venezuela, también han ocurrido los secuestros de unos cincuenta aviones entre 1955 y 2002. Dichos eventos, con contadas excepciones, se atribuyen al narcotráfico y a la guerrilla colombiana.

En Colombia, en el año 2000, se llegó a la poco envidiable suma de diez secuestros diarios.
No son menos importantes y sí absolutamente repudiables, todos los horribles secuestros perpetrados en personas del mundo común y que no alcanzaron notoriedad.

Consideramos al secuestro como el más terrible de los delitos que se le puede perpetrar a una persona. Creemos que puede considerarse que supera al asesinato pues, como lo hemos corroborado con amigos que han regresado de un secuestro, este evento deforma la personalidad del secuestrado, altera de manera medular a la familia e incide desfavorablemente en la comunidad de sus amigos y de sus compañeros de trabajo.

Pensamos que hace falta una legislación que castigue de manera ejemplar este tipo de delito y deploramos cuando encontramos que se usa al secuestro como mecanismo de intimidación política.
El secuestro de nuestro amigo Germán García Velutini es una tragedia que tiene indignados a todos quienes le conocen y muy especialmente a todos quienes apreciamos sus dotes de hombre de bien y de actuaciones extraordinarias a favor de las comunidades en las que ha actuado.

Rogamos por el pronto reintegro a su apreciada familia y a esta Venezuela que lo necesita.

rafael862@yahoo.com



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