CARACAS, lunes 20 de abril, 2009 | Actualizado hace
Como el sonido del agua entre las piedras del río, cuando
estás lejos se escucha como un rumor lejano... Cuando
te acercas lo que era un murmullo se convierte en un estruendo
que todo lo inunda...
Algo así se siente en el ambiente... A donde llegas
el comentario es el mismo. Desde el que te sirve el cafecito
en la panadería, el amigo del kiosco, los vendedores
en el mercado, el que se sienta al lado tuyo en el metro,
la señora que te ayuda en las labores domésticas,
el alto ejecutivo de una transnacional, el empresario atemorizado
y con razón, los empleados públicos, el chofer del
taxi, los otros papás del colegio de tus hijos, tus vecinos
y cualquiera que te topes en la calle que esté medianamente
informado sobre "todo" lo que está sucediendo en el país
te comenta lo mismo: "esto está mal, muy mal. Aquí
va a pasar algo". Claro que ninguno sabe, ni se atreve, ni
visualiza que es ese "algo" que sucederá. Pareciera más
bien que es una suerte de "intuición colectiva", que
pudiera entrar en el rango casi de "pensamiento mágico"
porque en definitiva esperamos que ese "algo" aparezca en
el panorama de repente, y si es posible, que alguien se encargue
de ese asunto y el resto estemos como espectadores de galería,
aplaudiendo si nos parece bien o abucheando si no estamos
de acuerdo con quien haya tomado alguna iniciativa de tratar
de frenar esta escalada autoritaria y atentatoria contra la
Constitución de los últimos tiempos.
Hay una especie de "expectación colectiva" esperando
a que el otro asuma la iniciativa. Es allí donde deben
tomar la palabra los dirigentes. Es, precisamente, en esas
circunstancias en las que se crecen o en las que nacen los
verdaderos líderes. Aquellos que son capaces de arriesgarse
más allá de un estudio de televisión o de dar
una rueda de prensa en un sitio seguro. ¿Quién puede
decir, por ejemplo, que no apoya al alcalde Ledezma cuando
llega hasta las mismas puertas de los poderes públicos,
sorteando cercos policiales y patotas violentas del oficialismo
para reclamar el arrebato del que ha sido objeto? (y nosotros
los caraqueños también).
Este "estado de las cosas" reclama arrojo democrático,
audacia y ante todo "valor" por parte de los dirigentes pero
también requiere de algo más que "aplausos de gradería"
por parte del resto. Básicamente porque esto no es un
juego divertido. No es un tema que podamos postergar. Por
algo existe la conciencia colectiva de que "esto no puede
seguir así". En estos días, estamos perdiendo (así
en gerundio) el régimen de libertades que conocemos y
con el que crecimos.
Sí, cuando el río suena piedras trae... Pero como
bien decía el padre Ugualde en días pasados en la
oposición hay muchos Pilatos. Es más fácil
y cómodo lavarse las manos en ese río y dejar correr
las aguas, aunque éstas se ensucien de tanta complicidad...
mariaisabelparraga@gmail.com
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