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Sobre la ideología

Los ideólogos se creen poseedores de la verdad, por ello se muestran intolerantes de toda disidencia

VICENTE CARRILLO-BATALLA L. |  EL UNIVERSAL
miércoles 8 de abril de 2009  12:00 AM

La ideología se ha dicho, es una cosmovisión que aspira despojar al hombre de su libertad de elegir, un ejercicio que en casos puntuales lo ha sumergirlo en una gran farsa, una suerte de becerro de oro de la modernidad, como aquel falso Dios adorado por los Hebreos que esperaban impacientemente el regreso de Moisés. Para quienes añadieron contenido combativo al tema ideológico -Karl Marx, para ser más precisos- se trata de un sustituto a la religión, de un dogma político alternativo, distante de formas de ser y culturas a veces ancestrales o en todo caso históricamente dominantes en la sociedad. La ideología suele conducir al fanatismo político, a la falsa creencia que nuestro mundo puede transformarse en paraíso terrenal, a través del mecanismo de leyes creadoras de nuevas estructuras y del uso excesivo de la planificación como modelo de gestión gubernamental. Y esto último, que es válido para los fanáticos de las izquierdas, también lo será en su justa medida para los de derechas, para los fanáticos del democratismo reaganiano, aquellos que ambicionaron crear una ideología americana a sangre y fuego, como se vio durante el gobierno de George W. Bush. Pero el problema de fondo es que los ideólogos se creen poseedores de la verdad y en esa medida se muestran intolerantes de toda forma de disidencia. De allí emerge el conflicto social, pues se exacerban las tendencias excluyentes y se generan prácticas punitivas para todo aquello que se perciba como obstáculo a la consolidación de ese mundo mágico, inédito, ideal, de veras inalcanzable. Es aquí donde aflora esa garra de la ideología que suele convertirla en herramienta de control social. Una corriente de actualidad sugiere que lo ideológico debe dejarse a un lado, cuando se trata de resolver problemas y carencias humanas en el orden práctico. Como dijera el Presidente Obama, las discusiones políticas que nos han consumido durante años, ya no sirven. Y añade: la pregunta que nos hacemos hoy no es si el gobierno invierte demasiado o demasiado poco, sino si sirve de algo, si ayuda a las familias a encontrar trabajo con sueldo decente, una sanidad que puedan pagar, una jubilación digna. Cuan diferente es esta forma de pensamiento, con respecto aquella que de un tiempo para acá irrumpe en Latinoamérica, parcialmente embadurnada de ideologías excluyentes que aspiran llevarla al mundo de lo imposible, mientras se malbaratan ingentes recursos humanos y materiales.

vcbl@cantv.net



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