Más allá de las ruedas de prensa y las cámaras de televisión hay unas rutas que recorrer en el país
Ante lo que estamos viviendo, esta arremetida estatizadora,
centralizadora, en la que la política del miedo y la
persecución judicial ya se aplica sin ningún tipo
de rubor, en la que la libertad sindical y gremial están
amenazadas como en todos los gobiernos autoritarios sean de
izquierda o de derecha, en la que el término "democracia"
está quedando reducido al "acto de votación" en
unos eventos electorales en los que la "igualdad de condición"
es sólo un mito y en los que la presión se impone
en todas las instancias; ante esta ausencia de instituciones
independientes en las que sólo vale la adulancia y el
"tuquequismo" ante lo que diga el Jefe máximo como "manual
de procedimiento", ante esta ejecutoria tan obsecuente de
la Fuerza Armada poniéndose al servicio de los deseos
de un hombre y no del país y su Constitución, ante
unas "medidas económicas" que sólo buscan "ganar
tiempo" esperando que la ruleta de los precios del petróleo
le sean favorables pero llevándonos a todos por el desaguadero,
la alternativa democrática encarnada en sus gobernadores
y alcaldes se atrevieron la semana pasada a usar un término
justo y correcto ante este nuevo escenario: resistencia. Ahora,
¿qué implica asumir este capítulo de emergencia?
Allí está el detalle. Porque si por "resistencia"
entendemos una rueda de prensa en el salón de un lujoso
hotel, con aire acondicionado y con la cobertura segura de
los medios, no estarían haciendo nada que ya no se haya
conocido. Poco más o menos el mismo ritual que hacemos
casi todos los días, cuando nos tomamos el café
mañanero leyendo el periódico y le decimos al que
tenemos al lado lo típico: "esto está muy mal. Esto
ya es inaguantable. ¿Hasta dónde vamos a llegar?".
Y lo peor es que siempre el Gobierno llega más lejos,
porque a pesar de lo malo que todos (o casi todos), decimos
que está "todo", ese "todo" puede ponerse aún peor.
Sin embargo, el que los principales líderes de la oposición
se atrevan asumir la realidad en la que estamos por más
dura y difícil que sea y en la cual los sacrificios por
venir serán cada vez mayores ya es un paso adelante,
mas no suficiente. Porque el detalle está en que hay
una parte del país que no se ha dado cuenta que ya esto
no se llama "democracia" y que tal vez no le importe demasiado
ese cambio de escenario. Es a esa parte del país al que
hay que hablarle en sus propios escenarios, en su cotidianidad,
en su día a día. Más allá de las ruedas
de prensa y las cámaras de televisión hay unas calles
que caminar, unas rutas que recorrer por ese país profundo,
utilizado y luego sempiternamente olvidado. El otro punto
es si los que están al tanto de lo que está pasando
y sus consecuencias asumen también el término "resistencia"
con la trascendencia de lo que ello implica o se quedan "tan
tranquilos" porque ya hay alguien que lo dijo por TV. Cuando
se utiliza un término tan grave y no se actúa en
consecuencia se banaliza el discurso y sobreviene una pérdida
de la credibilidad. Sin duda el peor de los escenarios, porque
se aniquila también la esperanza y el empuje para seguir
luchando.
mariaisabelparraga@gmail.com
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