CARACAS, domingo 29 de marzo, 2009 | Actualizado hace
La semana pasada compartí con ustedes la inquietud de
un amigo sobre el dilema de vender o no su casa como protección
a la radicalización que vive el país. Haciendo un
resumen ejecutivo, diría que su esposa, luego de haber
fallado en convencerlo de irse del país, considera conveniente
que al menos vendan su casa, en la que tienen invertida una
parte fundamental de su patrimonio. Él está convencido
de que irse del país no es una opción: "para irme
a pelar afuera, prefiero pelar aquí". Sin embargo, no
le queda tan claro el tema de la casa. Él siente que,
en efecto, su valor tiende a bajar, el dólar permuta
a devaluarse en su contra y las posibilidades de sacar capitales
se pueden complicar, por lo que la decisión económica
de vender parece razonable. Sin embargo, no quiere hacerlo.
La expresión que mejor resume sus sentimientos sobre
el tema es: "Si vendo voy a ser profundamente infeliz" y en
la práctica sería equivalente a decidir emigrar,
cosa que descarta& por ahora.
Antes de responder la inquietud de mi amigo pedí a los
lectores que nos dieran su opinión. Pensé agregar
algunas reflexiones de ustedes a mi respuesta, pero subestime
lo que pasaría. Nunca había recibido tantos correos,
pero además, muchos con reflexiones seriamente estructuradas,
que reflejan la relevancia del tema para ustedes. Es una inquietud
que, evidentemente, muchos se han planteado.
Prometí responder, pero descubrí que no hay una
respuesta única y correcta sino muchas dimensiones que
merecen la pena ser evaluadas por separado antes de tomar
una decisión tan importante, que en todo caso siempre
será muy personal.
Decidí entonces trabajar una serie completa de artículos
sobre este caso. Referiré la próxima semana los
argumentos de los lectores a favor de vender el inmueble,
entre los que cabe señalar la racionalidad económica
de proteger el patrimonio en el medio de la radicalización
política; la racionalidad financiera de vender un inmueble
que acapara el patrimonio total de una familia, incluso si
el país estuviera estable y la prudencia familiar de
emigrar de Venezuela para buscar una vida digna y segura.
Estos argumentos acapararon el 49% de las respuestas de los
lectores.
La siguiente semana trabajaremos sobre los argumentos para
no vender. Representan un 31% de las respuestas totales, donde
una parte importante son de orden emocional: "hay que morir
con las botas puestas, yo mi casa no la vendo, está hecha
a mi medida, no podemos abandonar y dejarle el país a
los malos".
Hay algunos que hablan de que los inmuebles mantienen el
valor en el tiempo. Otros dicen que la crisis financiera puede
terminar liquidando el producto de la venta y dejarte sin
el chivo y sin el mecate. Finalmente, un grupo cree que no
tiene sentido vender, porque no deben irse del país,
"para convertirse en una persona sin patria, porque muchas
de las costumbres y valores del nuevo país jamás
las aceptaremos o las entenderemos, pero cuando visitamos
de nuevo nuestro país de origen nos damos cuenta que
hay muchas cosas con las cuales ya no podemos vivir&".
En el siguiente artículo pretendo abordar el tema bajo
la perspectiva del restante 20% que cree que no hay respuesta
única y que cada quien tendrá que decidir a quién
privilegia en la batalla entre la racionalidad económica
y la emocionalidad. Cerraremos con un artículo escrito
por los propios protagonistas de este caso, quienes por cierto
no son una creación virtual, como parecen creer algunos
lectores, sino que tienen nombre, son jóvenes y productivos,
exitosos en sus trabajos y negocios y con hijos pequeños
en quienes pensar. Ahí espero que nos cuenten su experiencia
alrededor de este ejercicio y ojalá nos adelanten algo
sobre su decisión final, en la que ustedes están
siendo factores fundamentales. Nos hablamos la próxima
semana.
lvleon@cantv.net
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