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CARACAS, domingo 29 de marzo, 2009 | Actualizado hace
 
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| La ruta de Elizabeth Kline
Magdaleno

Renació a raíz de la artesanía y ya es considerado el pueblo artesanal de Aragua que atrae a visitantes de todas partes

Hermosas muestras refinadas de Muebles Alfredo's en la calle Bolívar (Elizabeth Kline)
  EL UNIVERSAL
domingo 29 de marzo de 2009  09:09 PM

Con su ubicación de fácil acceso desde las principales ciudades de la región central, a unos 15 minutos al sur de la autopista y la capital aragüeña, y la gran concentración de artesanos, todos los fines de semana, las principales calles comerciales se convierten en una enorme feria callejera. El énfasis es en muebles de madera; pero ofrecen cerámica decorativa, objetos para la cocina y las paredes, juguetes, piezas utilitarias en hierro forjado, cojines para muebles... algo para cualquier visitante y bolsillo. Incluso, hay gente que hace traslado de las compras hasta su carro y traslado de éstas en sus camiones.



CÓMO LLEGAR Desde la autopista del centro tome la salida al extremo oriental de Maracay hacia Palo Negro. Después de 8 km, cruce hacia la derecha frente a la E/S Trebol vía Güigüe (casi no se ve nada en la señal vial). El arco de la entrada a Magdaleno está a 7 km. En este último tramo se observan numerosas haras, cultivos y al acercarse a su destino, una agrupación de restaurantes informales con las especialidades de carne en vara y hervidos (unos con vista trasera al lago de Valencia) que son opciones muy populares para almorzar al final de su recorrido. Recomiendo llegar alrededor de las 8:30 a.m. (a esta hora, en las calles se pueden ver las piezas, pero aún no hay un gentío) y estacionar lo más cerca de la entrada, en el sentido para salir hacia el este; luego caminar. La zona principal de exposiciones callejeras está en un área de unas cinco cuadras por tres y, además, así puede ver todo en una vuelta y salir fácilmente. Más tarde, la calles se llenan con las exposiciones, los peatones y vehículos.



LA FERIA SEMANAL Hace un par de décadas, con el incremento en la producción de los artesanos del pueblo, empezaron a llevar sus piezas a otras partes del país para venderlas a un mercado más amplio. Muchos de los mayoristas y el público en general decidieron venir a "la fuente" donde pudieron ver una selección más amplia además de gozar de precios menores. De allí surgió la idea entre los pobladores de organizarse y montar una feria todos los fines de semana. Así los compradores formales e informales pudieron venir en los mismos días para visitar todos los talleres/tiendas y dejar a los creadores libres entre semana para hacer su trabajo. Lo demás es historia.

Ahora es una cita fija, con la oportunidad de comparar las ofertas y un estímulo para la competencia en creatividad y precios. Uno se percata de que hay muchos sitios que producen los mismos diseños; pero, unos con detalles y acabados más finos que otros. Lo mejor es dar una vuelta completa y anotar la ubicación de los talleres y precios de lo que más le llama la atención. Luego, puede regresar a los favoritos (esto le dará una base para regatear en artículos similares).

La mayoría de los muebles de madera en las calles destacan diseños casi iguales, tallados en las cabeceras de las camas, respaldar de las sillas o en las superficies de cómodas; unos también incluyen detalles en hierro forjado. Pero, aparte de las piezas sacadas de los talleres y expuestas en las aceras, es importante visitar las tiendas con exposiciones permanentes internamente que suelan tener opciones más finas y variadas.

En mi visita hace dos semanas, entre los sitios con estilos más originales que encontré en la avenida Miranda están juegos de comedor en Inversiones Diego Alejandro, de un diseño moderno con los espaldares de las sillas ondulantes, compuestas de barras de madera paralelas con espacios entre cada una. La tienda Mis Tres Ángeles destaca juegos de sala con un estilo algo oriental.

En la calle Andrés Bello, Juan Durán mostró tanto dentro como fuera de su local camas, peinadoras y cómodas con la variación de cabeceras de cama o marcos de los espejos asimétricas y madera pintada con un aspecto de mármol.

Todo Samán Muebles en la calle Mariño estaba exponiendo las camas de su dueño, Pedro Amador Rodríguez, distintas, tanto por la forma de las cabeceras con una curva muy sutil, como por el acabado con tinta negra.

Entre las opciones de Muebles Adriana en la calle Libertador había juegos de comedor ideales para gente con espacio muy apretado, ya que las sillas caben completamente debajo de la mesa.

El sitio más visitado con los modelos más elegantes, originales y con acabados de altísima calidad fue Muebles Alfredo's en la calle Bolívar, frente a la Escuela Panaquire (con todo adentro, pero con vitrales para poder observar desde la acera unas de las piezas). Aunque estaban destacados en la PB de su tienda grande los juegos de dormitorio de numerosos estilos diferentes, en la PA se pueden observar ejemplares de sus muebles de sala, comedor, vitrinas y hasta puertas.



COMO UN FÉNIX En Magdaleno, actualmente funcionan unas 100 carpinterías y 200 talleres pequeños que generan aproximadamente 5 mil empleos directos y 12 mil indirectos.

Prácticamente cada casa es un taller, con hombres, mujeres y jóvenes participando en los trabajos. Además de ser un destino agradable para visitantes, Magdaleno goza de un alto índice de empleo y una baja incidencia de delincuencia, precisamente por la actividad económica bien remunerada.

Al ver el movimiento y la prosperidad de los 26 mil habitantes del pueblo de hoy, es difícil creer que su renacimiento sólo empezó en los años 60.

El poblado fue elevado a la categoría de parroquia por el obispo Mariano Martí en 1790 con el nombre de Santa María de Magdalena (aunque ahora se deletrea el nombre como Magdaleno).

Pero entre una fiebre que empezó a azotar la gente en 1800 y las guerras que dominaron el siglo, la población que en 1873 era de 2.775 se redujo para 1881 a 958. En 1950 quedaban sólo 863 personas.

La mayoría concuerda en que el impulso detrás del cambio tan dramático fue Eugenio Mendoza. Cuando este empresario compró la Hacienda Macapo cerca de los años 50, observó que Magdaleno sufrió un altísimo índice de desempleo. Según el cronista de la ciudad, Antonio Flores, en la misma década él fundó una empresa artesanal utilizando enea (un tipo de carrizo que crece naturalmente en las riberas del lago de Valencia). La Fundación Mendoza trajo a Magdaleno un señor de Puerto Rico, Pedro Gallegos, especialista en la enea.

Enseñó aproximadamente a 100 mujeres y 20 hombres: a los mujeres la forma de procesar la fibra en forma de crinejas y a los hombres la elaboración con éstas de alfombras, cestas, manteles. La primera empresa-taller estaba en una casa colonial de Fernando Cabrera en la calle Sucre, cruce con 19 de Abril; y, después de tres años, se mudó a la calle Bolívar, integrada por muchas personas.

Flores reporta que el 29 de mayo de 1961, a raíz de esta iniciativa, los residentes fundaron el Comité de Desarrollo de la Comunidad para trabajar en obras de beneficio a la población. Y, el 10 de febrero de 1962, presentaron un informe detallado a Mendoza y le convencieron de cederles la fábrica en comodato por 25 años. Luego obtuvieron un crédito por 25 mil bolívares (de esa época) de la Comisión Nacional de Financiamiento de la Pequeña y Mediana Industria, por intermedio del Banco Industrial de Venezuela. Para febrero de 1962 tenían 104 trabajadores de la enea en la empresa, que pasó a Industria Comunal de Magdaleno.

Aparte de los trabajos con enea, adquirieron la maquinaría de un taller de carpintería en Valencia que había quebrado, y bajo la dirección de técnicos de INCES empezaron a dictar cursos en carpintería y otros oficios que abrieron las puertas a su independencia económica.

Aunque cerró dentro de pocos años debido a la mala administración financiera, funcionó por suficiente tiempo para la gente lograr adquirir la destreza para "caminar solos", montando sus propios talleres y compañías de producción de muebles que ganaron fama en todas partes del país.

Antonio Herrera, uno de los más reconocidos artesanos del pueblo, cuenta que cuando se iniciaron los trabajos de madera y se comenzaron a producir los muebles combinando los dos materiales, fueron verdaderas obras de arte que conservan coleccionistas de todo el país y originaron el prestigio que hoy enaltece a Magdaleno como el pueblo-taller de Aragua.

Con la popularidad de los muebles magdalenos y las presiones de la producción masiva, la enea fue desincorporada progresivamente visto que requiere más tiempo.

Sin embargo, muchos de los originales maestros del trabajo con enea están viendo una creciente preferencia por parte de los clientes más exigentes que buscan obras con esta noble materia prima autóctona que está motivando a más artesanos a regresar a sus orígenes.

ekline@cantv.net

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