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Se apagó la voz de Stefania Mosca

La narradora venezolana falleció ayer luego de una penosa enfermedad

La obra de Stefania Mosca queda como testimonio de la generación de narradores nacidos en los años cincuenta (Nicola Rocco)
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ANA MARÍA HERNÁNDEZ G. |  EL UNIVERSAL
miércoles 25 de marzo de 2009  12:00 AM

La escritora, ensayista, guionista de televisión y novelista venezolana Stefania Mosca, presidenta del jurado de la edición 2009 del premio internacional de novela Rómulo Gallegos, perdió ayer la intensa batalla que emprendió años atrás contra el cáncer.

Graduada de licenciada en Letras en la Universidad Central de Venezuela (UCV), con una Maestría en Literatura Latinoamericana de la Universidad Simón Bolívar, y autora de los libros de cuentos y novelas Mi pequeño mundo (1996), El suplicio de los tiempos (2000), El circo de Ferdinand (2006),Stefania Mosca falleció el lunes en la madrugada a pesar de que, como dijo a finales de 2008 en una entrevista a propósito de que fuera homenajeada en la IV Feria Internacional del Libro de Venezuela, se sentía repuesta y con mucho más ánimo que nunca.

"La muerte de Stefania es un dolor inmenso", dice Humberto Mata, presidente de Biblioteca Ayacucho -cargo que, por cierto desempeñó Mosca en el pasado- y compañero de jurado en el premio Rómulo Gallegos. "No sólo fue una amiga extraordinaria sino una ecritora a quien siempre admiré muchísimo. Porque Stefania forma parte de ese grupo de narradoras venezolanas de las que uno nunca quisiera prescindir. Alguien que siendo muy joven se atrevió a estudiar a Borges", agrega refiriéndose a uno de los escritores favoritos de Stefania Mosca, a quien no en valde le dedicó su ensayo Jorge Luis Borges: utopía y realidad.

"Es una pérdida muy triste", dice con el alma en la mano el escritor Antonio López Ortega. "Stefania tiene una obra estimable como cuentista, novelista y ensayista, pero sobre todo como cuentista. Ella pertenece a lo que yo llamo autores venezolanos nacidos en los 50. Su pérdida es muy triste porque Stefania tenía un gran potencial como narradora y se podía desarrollar mucho más".

Entre sus libros publicados están Seres cotidianos (1990, cuentos), La última cena (1991, novela), Banales (1993, cuentos), Mi pequeño mundo (1996, novela, reeditada en 2008), El circo de Ferdinand (2005, novela) y Mediáticos (2007, relatos).

Mientras que de los ensayos resaltan Jorge Luis Borges: utopía y realidad (1984), La memoria y el olvido (1986), El suplicio de los tiempos (2000) y Maternidad (2004).

Pero de los primeros pasos de Stefania Mosca por la literatura Eduardo Liendo es quien aporta muchos más datos: "Cuando la conocí era una muchacha sumamente hermosa que se incorporó al taller Calicanto en la casa de Antonia Palacios. Creo que llegó de la mano del poeta Eleazar León. Era una gran lectora y una joven muy culta e inteligente. Años después fuimos compañeros en la Biblioteca Nacional y siempre pensé que era muy grata su compañía. En los últimos años estuvimos más distantes, pero conservé siempre por ella el afecto y admiración, porque era una ensayista y narradora culta y detallista".

Israel Centeno siente también como una pérdida la muerte de Stefania Mosca. "Se pierde la voz de una escritora importante. ¡Es lamentable! Creo que en su momento Stefania dio obra, dio libros que de verdad nos llegaron bastante al alma, como La última cena y Mi pequeño mundo. En verdad es lamentable. Yo sentí por ella un afecto muy grande".

Haber gozado de la admiración de sus amigos narradores, llegó a decir en una de sus entrevistas, era uno de los mejores premios recibidos. Pero no por ello Stefania Mosca dejó de recibir premios por su trabajo: fue finalista del Premio Miguel Otero Silva que convocaba la editorial Planeta en 1996 por Mi pequeño mundo; y obtuvo, por ese mismo libro, el Premio Municipal de Literatura mención Narrativa, en 1997.

"Sin aliento, con la mirada y el corazón puestos lejos, como en el filo de un despeñadero", escribe en cambio su pesar la escritora Laura Antillano. A Stefania "la recuerdo en noviembre pasado, sonreída, espléndida, conversando con premura, animada con los libros de la feria".

La leyó en Seres cotidianos, que Anillano describe como "relatos de voz femenina, alimentados de sutil ironía". "La sitúo en mi imaginación (y la suya) en Chacao, en los escenarios de su novela La última cena entre telas, terremotos, memorias familiares, novela que mis alumnas de literatura llegaron a adorar página por página. La leo en sus reflexiones sobre Borges, la recuerdo siempre defendiendo sus posiciones con énfasis y elegancia, allí estaba con su larga cabellera y su gestualidad primordialmente enfática", apunta.

El consejo directivo de la Casa de Rómulo Gallegos se reunió ayer en la tarde para deliberar quién sustituirá a la narradora fallecida y en los próximos días anunciará los cambios.

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