Chávez mintió a los pobres y a los trabajadores para conseguir la reelección indefinida
No sabemos si desde sus tiempos de conspirador en los cuarteles
el teniente coronel Chávez soñaba con llegar a la
Presidencia para destruir el país, pero sí podemos
constatar que desde que asumió el poder gracias al voto
popular no ha hecho otra cosa que destruir las instituciones
democráticas, arruinar al sector privado, perseguir a
quienes disienten de su barbarie, violar "la mejor Constitución
del mundo" y dilapidar los inmensos recursos petroleros en
corrupción, en dádivas millonarias a sus compinches
políticos y en intentar un comunismo trasnochado que
ha devenido en el más salvaje de los capitalismos de
Estado.
Cumpliendo órdenes de Chávez, la Fiscalía
acaba de pedir la detención del alcalde de Maracaibo,
Manuel Rosales por un inventado delito de "enriquecimiento
ilícito" (todavía resuenan los gritos llamándolo
"desgraciado, porque eres un desgraciado Rosales y yo te voy
a poner preso"). Con excepción de los simuladores enriquecidos
gracias a la hasta ayer frondosa petrochequera mientras gritan
¡Uh Ah, Chávez no se va", nadie cree que a Rosales le
dictan tal medida porque es un corrupto, sino porque con su
eficaz trabajo político ha convertido el Zulia en un
bastión de resistencia que Chávez no ha podido penetrar.
Por eso se apodera del puerto y merma el presupuesto al que
los zulianos tienen derecho constitucional. Con este exabrupto
"jurídico" el régimen no demuestra que Rosales cometió
el delito de "enriquecimiento ilícito", sino que Chávez,
en práctica cada vez más dictatorial, está
utilizando los poderes públicos como armas que disparan
contra la disidencia política. Esta decisión comprueba
que el reciente informe del Departamento de Estado y el de
HRW se ajustan a la verdad cuando señalan que el Poder
Judicial es instrumentado por el Gobierno para perseguir y
encarcelar a quienes disienten de sus políticas dictatoriales.
En la creencia de que el resultado del 15F fue una luz verde
para aplicar las medidas inconstitucionales que le negamos
electoralmente el 2D de 2007, Chávez está pisando
el acelerador para destruir la pluralidad democrática,
la libertad de empresa, los derechos laborales y la descentralización,
entrando así en un proceso totalitario y estatizador,
cada vez más parecido al modelo cubano. Chávez ya
no se conforma con haber destruido el aparato productivo nacional
a punta de "invasiones", "expropiaciones" "estatizaciones"
e "intervenciones" de fincas, plantas de la agroindustria
,telefonía, electricidad, hierro, aluminio, cemento y
otras, sino que ahora está empeñado en destruir
el sindicalismo organizado porque le está saliendo respondón
(¿recordará Chávez la historia de cómo
cayó el comunismo en Polonia a manos de Lech Walesa y
su poderoso sindicato Solidaridad?). Los ineptos y
muy corruptos funcionarios de Chávez han saqueado y destruido
las empresas de Guayana, incluida la recientemente estatizada
Sidor. Han dejado deudas colosales a las contratistas que
hoy están quebradas y no pueden pagar su nómina.
Cerca de 2,3 millones de trabajadores del sector público
están a la espera de renovar sus contrataciones colectivas,
derecho que les niega Chávez. Como nos recuerda VenEconomía
(18-03-2009) muchos de esos trabajadores que hoy reclaman
sus derechos laborales, aclamaron a Chávez cuando politizó
Pdvsa, la industria eléctrica, la telefónica y las
empresas de la CVG. Mientras HCHF golpeaba a los empresarios
con el cuento de que era "en defensa" de la clase pobre trabajadora,
la mayoría de los sindicalistas no estuvieron a favor
de los inversionistas que habían creado sus puestos de
trabajo. Ahora se dan cuenta -añade VenEconomía-
de que Chávez y su "socialismo" no sólo busca aplastar
al empresariado y a la oposición política, sino
también al movimiento laboral. HCHF increpa a los sindicalistas
porque deberían "trabajar más en la ideología
revolucionaria" (es decir, en la lealtad total a Chávez)
y menos en asegurar mejores salarios y beneficios para la
clase pobre trabajadora.
Después de dilapidar casi $ 900 mil millones en 10 años,
en este 2009 el déficit fiscal podría ser mayor
de $35 mil millones, hueco que el régimen pretenderá
llenar metiendo mano a los recursos de los empresarios y a
los ahorros de todos los venezolanos. Chávez mintió
a los pobres y a los trabajadores para conseguir la reelección
indefinida. Mintió descaradamente diciendo que su gobierno
disponía de más de $100 mil millones y que durante
2009 no eliminaría ningún gasto laboral, ni social,
a la par que prometió inversiones generadoras de nuevos
empleos. Mentira tras mentira. Un mes más tarde no tiene
siquiera para pagar la abultada nómina oficial. Como
Atila y su caballo que donde pisaban no crecía más
la hierba, así luce hoy Venezuela tras la acción
destructora de Chávez. Sin embargo consolémonos:
el imperio de Atila desapareció con él.
mcolomina@gmail.com
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