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Dos especies animales en la misma área del estado Mérida
WILFREDO FRANCO |  EL UNIVERSAL
sábado 7 de marzo de 2009  04:23 PM

Los toros de lidia de La Carbonera han venido siendo criados en esa hermosísima región entre Jají y La Azulita del estado Mérida, por décadas, en un esfuerzo admirado por los aficionados a las corridas de toros, festejo traído a América por los españoles. Se debe haber prestado mucha atención a la genética, la casta, el bravío y la estampa de los reproductores seleccionados, así como a su salud y a su alimentación. Bravo por los propietarios y enhorabuena a los admiradores y cultivadores de la llamada fiesta brava. A mí personalmente no me gusta, como tampoco los toros coleados, por el maltrato y, en el primer caso, la agonía y muerte de seres vivos. Pero el punto que me interesa resaltar es el esfuerzo por reproducir y cuidar una especie animal, exótica por demás, justo en La Carbonera, por parte de un sector de nuestra sociedad.

Pues precisamente, allí en la zona de La Carbonera, entre 1.800 y 2.800 metros de altitud, se encuentran parte de las pocas áreas remanentes de la selva nublada, extraordinario ecosistema forestal, contentivo de la mayor cantidad de biomasa por hectárea entre los bosques tropicales y uno de los más ricos en Biodiversidad del Trópico. La selva nublada, pese a su extraordinaria importancia para la conservación de las cuencas altas y los recursos hídricos ha venido siendo objeto de destrucción total, sistemática, a conciencia, para expandir la ganadería de altura, desde los años 70. Y alguna vez algún funcionario público hasta propuso que Mérida debía ser ¡un estado maderero por la riqueza de sus bosques!

Con la desaparición de la otrora extensa superficie de la selva nublada, no sólo en Mérida, sino en Táchira y Trujillo y en el resto de zonas montañosas del país, se están extinguiendo los recursos hídricos y las especies de la flora y la fauna, incluyendo al emblemático oso frontino, el león de montaña y el mono ahuyador, animales ya muy raramente reportados en La Carbonera.

Eso ya es triste, pero más triste aún, es saber que la ranita amarilla de La Carbonera (Atelopus carbonerensis), declarada en peligro de extinción en los años 80, puede considerarse ¡una especie extinta! En efecto, la especie anfibia más emblemática de la selva nublada de La Carbonera ya no está más en ese ni en otro ecosistema y su extinción ¡es por siempre! Los anfibios son muy sensibles a cambios ambientales y por ello son importantes indicadores de la calidad ambiental. Desde los 90 se ha detectado una severa declinación poblacional de varias especies andinas, en particular del género Atelopus.

¿Por qué la sociedad venezolana, y merideña en especial, no hizo un esfuerzo por evitar la extinción de esta especie? ¡Es probable que garantizar la supervivencia de esta especie hubiera costado mucho menos que conservar los toros de una sola corrida!

Me pregunto: ¿Podría la parte de la sociedad venezolana y merideña que hace buen negocio con las ferias de Mérida, cuya atracción central son las corridas de toros, crear un Fondo para la Salvaguarda de la selva nublada de Mérida y las especies en peligro de extinción? ¿Será mucho pedir que una pequeña fracción de las ganancias que se obtienen cada año (van 40 años con ferias) se inviertan en la salvaguarda del ecosistema natural más vulnerable y en peligro de la geografía andina? La Universidad de Los Andes, que ha venido estudiando la selva nublada desde mediados del siglo pasado, está llena de talentos con conocimientos para orientar las medidas a tomar para evitar la continuación de la extinción. La sociedad y las instituciones públicas y privadas, todos unidos, podemos detener la continuación de la extinción. ¡Hagámoslo!



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