En una sociedad democrática los resultados
de una contienda electoral son una oportunidad para
medir los niveles de tolerancia. En Venezuela, tanto
ganadores como perdedores se pueden preguntar qué
tanta capacidad existe para aceptar que la victoria
obliga a mayor humildad y respeto por los perdedores y por
el otro, cuánta capacidad se tiene al reconocer que siendo
minoría se debe aceptar la percepción de la mayoría.
Por siglos, pensadores han tratado de definir y estudiar
el concepto de la tolerancia. La interrogante central ha sido
cómo lograr que los seres humanos convivan en convergencia
y no en confrontación. Esto es, cómo convivir en
paz, sin discriminación, armonía y respeto por
quienes actúan y piensan distinto, o simplemente,
los que "no son como uno". El concepto y la manera de
reaccionar ante la diversidad ha evolucionado,
hay matices de tolerancia y sin duda cada día,
por lo general, somos los seres humanos más
tolerantes ante la variada gama de valores y rasgos que
caracterizan a unos de otros. Pensemos por un instante
en la magnitud de encuentros y relaciones diarias
a que nos sometemos. Cuántas realidades no
nos gustan pero las soportamos. El hombre de
la sociedad moderna tiende a sobrevivir tolerando. Aprendemos
a ser mayoría y a vivir en minoría. Podemos convivir
entre tolerar y ser tolerado.
La tolerancia de los individuos se demuestra cuando se practica
y no sólo cuando se habla de ella. Es precisamente
una muestra de coraje la capacidad que se
tiene ante cualquier circunstancia de la vida en sociedad
cuando se es capaz de aceptar que se está en minoría,
y la verdadera prueba de que se es tolerante es cuando se
está en mayoría, precisamente porque es cuando el
individuo no está en la obligación de demostrar
tolerancia. Las sociedades tolerantes son aquellas capaces
de convivir con lo contrario. Los individuos tolerantes
son aquellos que antes que confrontar quieren aprender cómo
son los otros.
Ello puede ser con resistencia o sin resistencia, pero precisamente
moderar las resistencias es parte de la capacidad de demostrarse
tolerante. Las naciones que han intentado ser más homogéneas
en el tiempo en cuanto a conformación racial, cultural,
social, ideológica, económica y política
han demostrado ser las sociedades más intolerantes,
por ende generan conflicto y a largo plazo
son las más frágiles en cuanto a su sobrevivencia.
Hay sociedades que no han sido toleradas por otras y estas
a su vez son también intolerables en la medida
que son mayoría ante otros grupos.
A diferencia de otras épocas, estos tiempos cada vez
nos señalan más claramente que la diversidad de
espíritu no contradice la capacidad de vivir armónicamente
y en paz. Precisamente forzar las conciencias hacia un pensamiento
ideal provoca en el tiempo la inconsciencia social y la generación
de traumas. Reconocerse en la diferencia es una
garantía para la coexistencia. Es por ello
que la base de sustentación de la tolerancia no puede
soportarse sólo en la evolución de las
conciencias, sino en las leyes, el ordenamiento jurídico.
En el caso de nuestra Constitución, desde el preámbulo
resalta el carácter tolerante de los principios que
deben regir nuestra coexistencia cuando señala como un
fin de la República establecer una sociedad
democrática… multiétnica y multicultural. La búsqueda
de estos fines no se pueden alcanzar si no existe un proyecto
de sociedad tolerante. El artículo dos establece la pluralidad
política, la cual es inalcanzable cuando una sociedad
no es tolerante. Cuando en el artículo tres nos demanda
la defensa y el desarrollo de la persona y el respeto de su
dignidad, una vez más nos da un mandato hacia la tolerancia.
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