Chávez sin pudor alguno utilizó todos los recursos del Estado para sus intenciones continuistas
Para entender lo que ocurre en Venezuela, nada es más
ilustrativo que leer la novela "1984", también
conocida como "El hermano mayor", escrita por George
Orwell en la década de los 40. Decía Orwell, cuyo
verdadero nombre era Eric Arthur Blair, que a lo largo de
la historia de la humanidad los autócratas siempre han
tratado de reescribir la historia.
El 2 de noviembre de 2007, tuvo lugar en Venezuela un referendo
para modificar la Constitución. Los ar- tículos
cuyo cambio se proponía eran varios; sin embargo, el
único que parecía realmente importarle al Presidente
era aquel en el cual se proponía la reelección indefinida
del Jefe del Estado.
La respuesta del pueblo fue NO. De acuerdo con nuestra Constitución,
esa misma pregunta no podía ser planteada nuevamente
durante el mismo período. Sin embargo, valiéndose
de argucias, el Presidente hizo que la Asamblea Nacional volviese
a formular la misma consulta, añadiéndole ahora
en una sola e interminable pregunta la reelección indefinida
de los demás cargos de elección popular. La argucia
a la cual me refiero es la de recurrir esta vez a la vía
de la enmienda, en lugar de la reforma.
Jugando todos a una, como Fuenteovejuna, los demás poderes
públicos respaldaron el planteamiento presidencial, aunque
a todas luces resulta evidente que la vía de la enmienda
no es aplicable para proponer un cambio tan trascendente que
modifica uno de los principios fundamentales de nuestra Constitución,
como es el de la alternabilidad establecida en el artículo
6 de la misma. De manera vergonzosa se puso en evidencia que
uno de los principios básicos de la democracia, como
lo es el del equilibrio de los poderes, ya no tiene vigencia
en Venezuela. La famosa frase de Montesquieu "le pouvoir
arrette lo pouvoir" -el poder frena el poder- ya no existe
en nuestro país. Ahora todos lo poderes apoyan de manera
genuflexa los deseos de uno solo de los poderes, con lo cual
la legitimidad de desempeño de quien controla el poder
ha desaparecido.
Pero las triquiñuelas no se limitaron a ello. En lo
que quizás ha sido uno de los mayores ventajismos que
se ha conocido en la historia de Venezuela, el Presidente,
sin pudor alguno, utilizó todos los recursos del Estado
para ponerlos a la disposición de sus intenciones continuistas.
Todos fuimos testigos de numerosas cadenas nacionales, algunas
de hasta ocho horas, para promover la campaña del SÍ.
Todos fuimos testigos del abandono de las funciones por parte
de numerosos funcionarios públicos, a quienes dieron
públicamente órdenes de que su única obligación
era promover la campaña del oficialismo. Todos fuimos
testigos de las intimidaciones de toda naturaleza a los funcionarios
públicos, que asistieron al acto comicial convencidos
de que si no votaban por la opción presidencial, corrían
el riesgo de perder sus puestos de trabajo.
En fin, todos fuimos testigos de la forma descarada como
el CNE actuó en función de los intereses de un solo
bando. Incluso, se comentaba que cuando a la presidenta del
CNE se le pedía que actuase para impedir las cadenas
presidenciales y otros abusos semejantes, la respuesta de
la rectora Lucena era que no convenía hacerlo, porque
como de todas formas el Presidente no iba a acatar ninguna
decisión al respecto, el único resultado sería
la pérdida de autoridad del organismo electoral y le
merma de la confianza en esa institución.
Pues bien, bajo esas condiciones, el resultado no era de
extrañar. Ganó el SÍ, pero al Presidente lo
alcanzó el futuro. En definitiva, lo que de verdad importa
es que el Jefe del Estado pueda cumplir ahora su promesa de
que Venezuela está blindada frente a la crisis que inevitablemente
se avecina como consecuencia de la caída de los precios
del petróleo y la absurda imprevisión por parte
del Gobierno ante un hecho que lucía inevitable.
En verdad lo que verdaderamente quedó demostrado es
que Chávez no está dispuesto a acatar la voluntad
popular, a menos que ésta lo favorezca. En otras palabras,
quedó evidenciado, tal como decía Orwell en su novela
"1984", que como el Big Brother controla el
presente, está dispuesto a borrar el pasado -los resultados
de la consulta del 2 de diciembre del 2007- a fin de apoderarse
del futuro.
Veamos lo que decía Orwell al respecto: "Si todos
aceptan la mentira impuesta, si todos los testimonios dicen
lo mismo, entonces la mentira pasa a ser la Historia y se
convierte en la verdad. El que controla el pasado, controla
también el futuro. El que controla el presente, controla
el pasado".
josetoroh@interlink.net.ve
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