Banda de Caricuao siembra pánico en los distintos sectores de la parroquia
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Justicia era el clamor de una madre desesperada, a quien
bandas armadas le han arrebatado a sus dos únicos hijos
varones.
Sumida en el llanto y temblorosa de la impotencia, la mujer,
que prefirió no identificarse para evitar represalias
en su contra, dijo que su hijo mayor fue asesinado, la mañana
del lunes, en el barrio El Onoto de la UD2 de Caricuao.
A Eduardo José Figueroa, de 28 años, le asestaron
once impactos de bala, cuando se desplazaba en su moto Honda
de color rojo, por la localidad referida.
Se conoció que el joven iba hacia un taller mecánico
de la zona, donde estaban pintando su vehículo. Eran
como las 9:00 de la mañana cuando fue detenido por una
dama, quien se atravesó en la vía con las manos
en alto. Seguidamente, se le acercaron varios sujetos armados
que le dispararon de frente. "No le robaron nada, sólo
querían matarlo", dijeron los deudos.
Los padres del fallecido revivieron el trágico momento
de una partida inesperada, pues el pasado 6 de mayo de 2000,
los mismos sujetos ultimaron a su menor hijo cuando salía
de una celebración en el barrio.
Recordaron que a José Daniel Figueroa, de 18 años,
lo mataron por no tener un cigarrillo para ofrecer. "Que dolor
tan grande sentimos. Dios es grande y hará justicia",
dijeron.
Fuentes policiales indicaron que el responsable de ambas
muertes es un sujeto apodado "el Momo", quien había tenido
problemas con los jóvenes.
Lo mataron en una fiesta
La madrugada del domingo, pistoleros irrumpieron en una celebración
que se efectuaba, en el barrio El Cafetal del kilómetro
12 de El Junquito, y asesinaron a Jhon Jairo Sanmartín,
de 22 años.
Seis impactos le segaron la vida, mientras disfrutaba de
la fiesta. Testigos del crimen, detallaron que Sanmartín
estaba conversando con varios amigos cuando, repentinamente,
un grupo armado lo sorprendió disparándole sin piedad.
El joven cayó mal herido y falleció cuando intentaban
sacarlo de la zona para trasladarlo a un hospital. Las heridas
mortales fueron en el cuello y cabeza.
Su comadre, Yajaira Zapata indicó que vivía alquilado
en su vivienda, en compañía de su esposa y dos hijos
menores. Trabajaba como cauchero en San Bernardino y era oriundo
de Colombia. Tenía 3 años y medio en el país.
Explicó, además, que el joven que le dio muerte
había tenido rencillas con él hacía cinco meses.
En esa oportunidad, le propinó varias heridas cortantes
con un arma blanca en la espalda y brazos. "Ya se habían
contentado de nuevo porque eran amigos, pero nos sorprendió
lo ocurrido", manifestó.
Sanmartín no tenía familia en el país y tampoco
documentos, lo que generó retraso en el traslado del
cadáver a Colombia.
dramirez@eluniversal.com
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