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Nuevo liderazgo

La democracia en América vuelve a darnos una lección de civilidad y regeneración

VICENTE CARRILLO-BATALLA L. |  EL UNIVERSAL
domingo 1 de febrero de 2009  12:00 AM

A la revolución vocinglera y circense que pretende sin mérito alguno imponer valores alternativos en una Hispanoamérica debilitada institucionalmente, se antepone un nuevo liderazgo norteamericano que bajo las banderas del cambio deseado y necesario, deviene en cifradas esperanzas de renovación. La democracia en América vuelve a darnos una lección de civilidad y capacidad de regeneración, de apertura a nuevos horizontes de entendimiento humano. Un desafío que exige a las nuevas autoridades, la búsqueda del consenso en torno a valores y aspiraciones compartidas por grupos sociales y sectores tradicionalmente encontrados. Nada sencillo, sin duda, pero el primer paso se ha concretado en la elección presidencial de Barack Obama. Anticipar resultados de la nueva administración, sería necio a estas alturas del proceso que da comienzo en el gigante del Norte. Es por ahora suficiente resaltar el anunciado cambio de visión y actitud frente a problemas de actualidad, que motoriza la formación de un equipo multidisciplinario de alto nivel, además proveniente de rincones políticos e ideológicos diversos, precisamente para acercarse al consenso referido en líneas anteriores. Así las cosas, pareciera que aquella plegaria del Foro Social Mundial del 2004, desdoblada en la frase "es posible un mundo distinto", ha encontrado finalmente un sendero que nunca quedará exento de azares y contratiempos. Comenzando por la tensa relación que aún mantiene Estados Unidos con gobiernos fundamentalistas y regiones inmersas en conflictos sociales, agobiadas por guerras o sometidas al yugo de la pobreza. Un subproducto del unilateralismo que le llevó a sentirse legitimado para imponer su voluntad sobre otros pueblos, mientras predicaba los valores de la democracia y la igualdad, la autodeterminación y los derechos humanos. Una cosa es predicar con el buen ejemplo y otra muy distinta es la injerencia no consentida, la toma de decisiones globales desde centros de poder influidos por Estados Unidos, sin atención al efecto que producen en la vida política y económica de naciones menos favorecidas. Naturalmente, debe dejarse a salvo el derecho a la legítima defensa de sus nacionales, tanto como a tomar todas aquellas medidas que garanticen la seguridad interna e integridad de sus bienes materiales. "Para todo se organizan", decía Tockeville al evaluar a los actores de la democracia en América. Y vaya que sí lo están haciendo en esta hora estelar.

vcbl@cantv.net



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