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Double play

Del deporte no es lo más peligroso el béisbol; pero sí su momento del lanzamiento a la cabeza

ALEJANDRO ANGULO FOTIVEROS |  EL UNIVERSAL
jueves 15 de enero de 2009  12:00 AM

Caracas vs. Aragua: rencor contra el muy buen bate Guzmán -batió el récord de impulsadas aquí- porque en el anterior triunfo de los Leones los sonó con un jonrón decisivo e hizo desplantes. Al ir a batear en la 1ra. entrada se le pegó un bolazo. El árbitro Darío Rivero dio un estupendo ejemplo de prudencia y autoridad pues en el acto expulsó al lanzador Estrada: furiosa reclamación.

Por T.V. transmitía Meridiano, cuya difusión del deporte es bien plausible; pero sus dos sobrios y buenos comentaristas perdieron la sindéresis al condenar al árbitro por su decisión: según ambos severa en exceso y en perjuicio del espectáculo porque se tendría que expulsar a todo lanzador por cualquier tiro pegado. No es verdad. No fue "cualquier" tiro adentro sino uno evidentemente ex professo para vengar aquella supuesta afrenta. Dijeron que bastaría con un "warning" (¿no podrían decir "advertencia"?); pero se sabe que tal blandenguería (que recuerda las impúdicas tarjetas amarillas del fútbol) evita en muy poco la violencia. Ni siquiera la controversial expulsión evitó que siguiera esa conducta: Petit -impresionante shortstop- descargó un jonrón y cuando volvió a batear, el pitcher del Aragua le hizo un lanzamiento asesino (bean ball) a la cabeza. De inmediato el par de comentaristas, con un enternecedor candor primocomulgante, aseguraron que fue "sin intención".

Lesionar intencionalmente a otro es delito. Incluso en todo deporte si se empleó violencia irreglamentaria. Esta verdad inconcusa causa gran sorpresa y hasta risa a los ingenuos e insipientes, que son los más; pero resulta que quienes sí califican eso de crimen, esto es, la palmaria minoría, son, qué coincidencia, los criminalistas. Todos.

El deporte prohíbe esas lesiones; pero sus "autoridades" no les hacen nada a los infractores. Y cuando sale un árbitro valiente a poner orden, le caen encima nada menos que periodistas deportivos.

El deporte debe promover la perfección espiritual. No impedirla. Por ello los periodistas deben exaltar los más altos valores deportivos, mantener una prédica sobre lealtad en la competición y lo noble del juego limpio. Así como condenar enérgicamente aquella violencia, que tantos heridos y aun muertos ha causado; pero sólo rechazan la violencia de masas (¿será porque también es peligrosa para ellos?) y orillan la tan inmoral cuan evidente situación, a menudo delictuosa. Peor aún cuando algunos aplauden ese proceder, como en el fútbol si bárbaramente se patea a un delantero: "Eso está bien porque si no se le metía 'pierna fuerte', era gol"&

No hay ese norte que debe caracterizar a una prensa conciente de su gran influjo y correlativo deber. Los periodistas prestan un valioso servicio social y ojalá contribuyan aún más a la educación del pueblo.

aafontiveros@cantv.net



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